El
modo más práctico de llegar en Oñate a la ermita de San Elías es tomar la
carretera que conduce a Arántzazu. Recorridos 3 kilómetros se llega a una
bifurcación en Urteagain y a unos dos kilómetros se llega a la cueva de Sandailli
tras descender casi verticalmente hasta las profundidades del desfiladero del
Jaturabe. Una vez en su sima se pasa el río por Medinako-subixa iniciando el
ascenso a Araoz. A pocos metros, a la derecha de la carretera, al pie de un
bloque inmenso de roca viva cortada verticalmente, se ofrece un sendero de
suelo cubierto de hierba, protegido con una valla de alambre hasta la misma cueva
de Sandailli en cuyo interior se encuentra la ermita de San Elías.

El
nombre de San Elías se une a ritos y leyendas. Para unos, la imagen de San
Elías fue robada por los araoztarras de la iglesia de Narvaja, pueblo alavés de
la falda opuesta de la sierra de Elguea, a causa de su poder milagroso. Incluso
en la actualidad los labradores de pueblos alaveses acuden en rogativa en época
de gran sequía a esta ermita a impetrar agua para sus campos. Otra refiere cómo
el santo profeta hizo sus primeros ejercicios de piedad en la cueva de Sandailli.
Una tercera señala que San Elías, San
Julián y San Andrés eran hermanos, y siendo niños, su madre les dijo cuando
estaban jugando: ¡A ver quién de los tres se hace santo! Y se hicieron los
tres. La última señala que cierto día, los tres hermanos se enfadaron
decidiendo separarse y habitar en lugares distintos. Por ello se levantan
en Oñate ermitas de sus advocaciones.
Sin embargo, la presencia de
la ermita de San Elías en el interior de la cueva, nos habla de la
cristianización de un lugar sagrado, donde se adoraría a alguna divinidad
local, por parte de los antiguos habitantes de estas regiones. Mendizábal concluye que el nombre de Sandailli, no estaría
relacionado con el nombre de San Elías, sino con el de Santa Ylia, que pudiera
cristianizar una antigua divinidad de nombre Yvulia. Considera que el ritual de
fertilidad vinculado a la cueva quizás sea de origen celta. No hay que olvidar
que estas tierras estuvieron habitadas por várdulos, etnia con estas
vinculaciones. No debe olvidarse que en el fondo de la cueva se encontraron
restos, tanto humanos como de cerámica, que pudieron ser testigos de los viejos
rituales que se celebraban en este paraje.
Murugarren
cita 1531 como fecha de los primeros manuscritos señalándola como ermita de San
Elías. Zumalde referencia como la primera
noticia escrita el contrato de ese mismo año para la construcción del puente de
Jaturabe donde se lee: « ... asímismo de
la otra parte, de hacia Santa Ylia y Urrexola, un escusal (barandado) desde la
esquina de la puente hasta dar encima de un espino”» que se confirma años
más tarde cuando el 21 de julio de 1570 se daba el siguiente mandamiento repetido
todos los años «.. que el día de señora
Santa Ana vayan a la ledanía de San Juan (de Artía) e Santa Ylia, de cada casa
una persona mayor, so pena de sendos reales».
Desde
la carretera comienza una senda que sube en dirección a la cueva y como cita Barandiarán “cerca de la ermita hay un pozo, a cuyas aguas atribuye virtud contra la
esterilidad y acuden los matrimonios que no tienen sucesión. La mujer estéril
introduce en ellas uno o más dedos de la mano, según el número de hijos que
desee. La mujer debe lavar allí sus manos, otros dicen que deben introducirse
en el pozo hasta la cintura, operación que se denomina “beratu” (ablandarse).
Hay quienes, en vez de bañarse en las aguas, introducen en ellas ropas de niños
y después las ponen a secar en un zarzal próximo. Dicen que así consiguen tener
hijos”. Aranegui describe una
variante que consiste en que la mujer debe “beber
un sorbo de agua del pozo (se trata de un arca de piedra labrada y el agua
depositada se forma de la gotera que cae de una estalactita) y mojarse con ella
los pechos y las zonas genitales”. Nuevas variantes: Barriola citando a Mocoroa “dicha ermita está adosada a
una gruta de cuyo techo mana agua abundante que se recoge en una gran pila. En
esta pila debe tomar asiento la mujer que desea ser fecundada y depositar en
ella tantas piedras como hijos quiera tener”. Con los años, el rito fue
cristianizado pues algunos salineros provenientes de Salinas de Léniz señalaban
que ”se metía la mano en la pila de agua
bendita y en esta posición se rezaban tres padrenuestros”

La
descripción arquitectónica la hace Antxon
Aguirre “se trata de un edificio
rectangular de 11 x 5 metros, orientado al N. Es de síllarejo con esquinales de
sillería y enlucido interior y exteriormente. Tejado a dos aguas. En el hastial
una cruz de piedra. Puerta de entrada con aguabenditera a la derecha, y encima
una abertura en arco de medio punto con impostas que alberga la campana.
Ventana en el muro derecha que aporta luz a su interior. En un mármol situado
en un costado donde se puede leer: “SANDALI ERMITA BERRIZTATUAREN INAUGURAPENA
ARAOTZ 29-6-1980". En su interior, bóveda de cañón sobre arcos fajones
apoyados en sus muros. Moderno retablo de madera, con columnitas jónicas de
fustes estriados. En el centro, una imagen de San Elías de 1914, a la izquierda
una moderna Virgen del Carmen y a su derecha talla de la segunda mitad del
siglo XVI de una santa mártir y virgen (sólo queda el hueco donde reposaba la
palma del martirio); puede que sea la "Santa Ylía" de la tradición
oral. Las ancianas del barrio recuerdan que antes de la restauración la imagen
se veneraba en el exterior de la ermita, sobre la pared de entrada, al igual
que una tosca talla de Santiago a caballo sobre el dintel de la puerta. Junto
al altar una puerta conduce a la sacristía. En la parte trasera hay un
confesionario.
No
es extraño poder pensar que en sus orígenes la misma cueva de Sandailli sirviese de capilla y que por
las condiciones del lugar salvo en los meses de verano, se produjese un
deterioro continuo de las imágenes debido al chorreo de agua desde el techo. Por
ello, posteriormente se tomó la decisión de construir en la parte alta de la
cueva una capilla con un retablo donde figurase el patrón de la ermita, San Elías
Profeta, a su derecha la Virgen del Carmen y a la izquierda San Miguel. Existen
pocas noticias sobre esta capilla hasta la referencia que señala la bula del
Papa Inocencio XI de 1588, donde figura en
el territorio de la Villa de Oñate (Araoz) existe una ermita dedicada a San
Elías.

Y
sin más noticias hasta 1755 en que se hicieron “un púlpito y confesionario». Costaron 155 reales, que se obtuvieron
mediante limosna de los fieles y alguna rebaja de los peritos “. En 1913 un
devoto de San Elías en acción de gracias por una gracia obtenida, ofrece la
cantidad necesaria para comprar una nueva imagen de San Elías que supliera a la
que se hallaba muy deteriorada. Obtenida ésta, el cura de Araoz vio que el
conjunto de la capilla se hallaba en estado ruinoso y deplorable comprobando que
los gastos en los que había que incurrir superaban las posibilidades. Optó por
convocar la Junta de la Cofradía el 23 de octubre de 1913 exponiéndole el coste
de las obras, incluyendo altar y retablo. Se señaló a Leandro Ortiz de Zárate
tallista y Toribio Azpiazu pintor, ambos naturales y vecinos de Oñate. Presentado
el proyecto se convocó al barrio, porque el elevado costo de la obra hizo que
hubiera muchos pareceres. Se dejó todo al arbitrio del cura. Este fue el gran
promotor de la obra en la que se trabajó intensamente, de modo que para el año
siguiente, 1914 ya estaba todo dispuesto. El coste total ascendió a 402 pesetas
incluyendo la pintura de las restantes imágenes y la colocación de la antigua
de San Elías. Los fieles contribuyeron con 227 pesetas y el resto corrió a
cuenta de la fábrica parroquial.
Los
araoztarras quisieron celebrar con solemnes fiestas la donación generosa de la
imagen, bendición e inauguración de la capilla el día 15 de mayo de 1914,
festividad de San Isidro, con asistencia masiva de fieles. Celebró la misa el párroco
de Oñate, D. Ladislao Sagastizábal. Contribuyeron a la solemnidad del acto con
su presencia el cura de Urréjola y el capellán de Santa Ana de Oñate. Acaba el cronista
diciendo que «después del refresco de la
tarde en la casa del ermitaño, se dio fin a la inauguración de las obras de San
Elías Profeta en buena armonía»”. Toda la buena voluntad demostrada por
unos y otros no ha impedido que las imágenes y pinturas puedan resistir las
inclemencias del tiempo por lo que deben efectuarse nuevas reparaciones. La última
en 1980 tal y como lo señala la placa instalada en el lugar «Sandali Ermita berristatuaren inaugurapena.
Araotz, 29-6-1980».Sin embargo, José
Miguel Barandiarán señala que "De
la actual imagen de San Elías que se venera en la ermita se dice que fue robada
de la iglesia del pueblo alavés de Narvaja.
En
el mismo muro natural de piedra blanquecina estaba empotrada la primitiva casa
de la serora de la que todavía se observan algunas ventanas. Una de sus
dependencias ha servido de sacristía para la capilla de San Elías. Es Zumalde quien afirma que «pegante a la escalera, que da acceso a la
cueva, existe la casa del guarda o ermitaño construida en 1880». Gandarias pone en duda esta afirmación
pues en 1900 se señala nuevamente la extrema necesidad de arreglos que necesita
la casa del ermitaño Isidro Elorza y su esposa Mañaria Idígoras. Estas obras no
se atienden hasta 1914, y el 25 de julio de ese año el Sr. Cura y los
Mayordomos se reúnen en el atrio parroquial convocando a todo el barrio comprometiéndose
unánimemente a efectuarlas. Se prepararon los planos y presentados a pública
subasta se adjudicó la obra a Francisco Erostarbe, natural y vecino de Araoz,
cantero, «que prometió cumplir con todas
las reglas de arte y condiciones que presenta el plano». El coste total,
según el «Libro de la Cofradía» ascendió a la cantidad de ochocientas y
cuarenta y un pesetas y dos céntimos que se pagaron de los fondos de la fábrica
parroquial. Gandarias ratifica la
fecha de 1914 a través de las citas ofrecidas por Pedro Barrena del caserío de
Otálora dueño del peñón donde está situada la cueva de San Elías. Otros vecinos
corroboran este testimonio.

Poco
a poco la devoción popular sobre el lugar fue creciendo lo que motivó la
erección de la Cofradía de San Elías cuyo libro señala “Venerable Cofradía de San Elías Profeta…. En el término y jurisdicción
de la Villa de Oñate, fue instituida y fundada en la octava Dominica de San
Miguel, a 30 de setiembre del año 1691, siendo cura de Araoz José de
Murguialday”. Sin embargo el Papa Inocencio XI emite una bula el 1 de marzo
de 1688 que no deja lugar a dudas pues su texto señala ”Me han asegurado que hay en la parroquial otra iglesia ermita llamada
San Elías Profeta, en el territorio de la villa de Oñate, Obispado de
Calahorra, una cofradía piadosa y devota de hombres y mujeres, fieles de
Jesucristo, ordenada canónicamente y su invocación es de San Elías”
Ante
esta discrepancia Gandarias es de la
idea que la bula de Inocencio XI desapareció por lo que se pidió una copia a
Roma y así, en 1690, siendo Papa Alejandro VIII se recibe y se traduce al
español por Sebastián Barrena quien declara el 17 de junio de 1692 que “esta Bula no la considera como documento de
la erección de la Cofradía de San Elías sino concesionaria de nuevas gracias
que se otorgaban a la Cofradía ya existente”: Sobresalían tres indulgencias
plenarias: sobre el día de ingreso en la Cofradía, en la hora de la muerte y el
día señalado para el Jubileo además de otras indulgencias parciales concedidas
por la práctica de actos edificantes que redundaban en la buena marcha de la
sociedad (visitar enfermos, albergar peregrinos, hacer paces con los
enemigos….). Una descripción
detallada de las reglas de la Cofradía puede consultarse en la cita bibliográfica
de Higinio Gandarias.
Hemos
señalado ya que el primer y más conocido rito del lugar es la relación con la
fertilidad y maternidad en sus diversas variantes (Barriola, Peña Santiago, Irigoyen, Barandiarán, Aranegui, Arregui, etc).
Peña Santiago relata que si se producía una fuerte sequía en Araoz, se acostumbraba hacer un triduo en la
iglesia; si la sequía persistía se celebraba un segundo triduo y si continuaba
sin llover, un tercero. Si después de estos días se seguía sin lluvia,
entonces, y sólo entonces, agotados todos los recursos, se hacía un Novenario.
El primer día del Novenario se iba rezando rogativas hasta la ermita de San
Elías, y se recogía de ella la imagen milagrosa del santo que se conservaba en
la sacristía, no la del altar, y se la llevaba hasta la parroquia de San Miguel
de Araoz. El último día del Novenario se la devolvía solemnemente a su ermita
de la cueva, cantando las letanías, Cuentan que con ello, durante el día,
comenzaba a llover. Hace todavía pocos años, según me contaron en 1966, al
emprender el regreso de la ermita al pueblo, después de dejar al Santo, el
último día y sin que nadie lo esperara, comenzó a llover tan copiosamente que
todos llegaron a casa empapados.
El día de Santa Ana era
costumbre subir desde Araoz en procesión a la ermita de San Juan de Artía enviando
cada familia un representante bajo una multa de dos reales. En 1570 era
obligatorio que las seroras de las ermitas de Oñate acudiesen con sus
estandartes a esta procesión. En 1722, al cerrarse San Juan de Artía la
procesión continuó haciéndose a San Elías, y a partir de 1769 se iba a San Juan
de Garagalza. Hace años se efectuaban procesiones con cruces y pendones rezando
letanías desde la parroquia de Araoz hasta San Elías los días de la Ascensión y
San Marcos. Se celebraba una misa en la ermita y se volvía con igual ritual.
La Cofradía de San Elías
organiza el primer domingo después de San Juan Bautista el Sandali-eguna o Día
de Sandailli. Tras la misa solemne de mediodía se ofrece caldo a todos los
presentes así como pinchos de chorizo. Antes y después de la comida de
hermandad, actúan bertsolaris y la trikitixa. Hasta 1956, la comida y el pan se
elaboraban en la misma cueva por parte de los seis caseríos, uno para cada una
de las seis mesas que se habilitan. Hoy día una empresa privada se encarga de
la organización del festejo.
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