La ermita se encuentra a la
derecha de la carretera que conduce de Legazpi a Oñate por el alto de Udana en
el barrio del mismo nombre a unos dos kilómetros de la villa. No lejos de la ermita, junto a la
carretera, se halla el único humilladero del pueblo, conocido popularmente como
“Santutxu de San Miguel” del que JosetxoZufiaurre
lo señala como “edificio de muros de
mampostería, con esquinales frontales de sillares de piedra caliza. Al menos la
mitad de su longitud es porche abierto con dos bancos corridos de piedra. El
cierre lo compone una puerta metálica con verja”.
Popularmente se considera la
ermita como la primitiva parroquia de Legazpia.Irigoyen señalala primera noticia histórica en 1556, año en que la
visitó el Obispo de Calahorranarrando que los vecinos del pueblo pagasen un
tributo a Mutiloa para que se enterrasen en este lugar aquellos vecinos de
Legazpia que muriesen con ocasión de una gran mortandad. La citada visita habla
de la existencia de la ermita de San Miguel, en la que había tres altares y el
Mayor con retablo con la imagen de San Miguel, y los otros dos eran de San
Sebastián y Santa Marina, advocaciones antiquísimas en el País Vasco. En 1619,
la ermita aparece en una inscripción bajo el nombre de “Hermita de San Miguel
de Mochorro”.

Es
un edificio rectangular con ábside trapezoidal y tejado a dos aguas. Orientado
al Este con esquineras de sillería y resto de sillarejo. Sus medidas exteriores
son de 20 x 10 metros. Tiene ventana en el ábside y en el muro derecho tres
aspilleras, una ventana y puerta dovelada de medio punto con aguabenditera a la
derecha. En el muro posterior una
aspillera a la altura del coro, con cruz de hierro en la cima. Tejado interior
en parhilera con armaduras de cubierta, viga de unión, poste de carga y tornapuntas
partiendo de canes, todo a la vista. Retablo central policromado de estilo
churrigueresco, con talla de San Miguel. A la derecha un San Sebastián, y a la
izquierda Santa Marina, hoy sin sus retablos. En la pared de la izquierda, dos
medallones con sendos óleos de Santo Domingo y de San José. En un pequeño
cuadro podemos leer el texto. "MIKEL
DEUNARI ESKEINDUTAKO TXADONA LEGAZPIKO TXADONAGUSIA IZANZANA SEGURA ETA
MAKIBAR'TAR KAPITAÑEN NAIMENEZ 1961 GARRENEAN BERITUA y junto a este otro
"GRANO DEL ROSARIO / QUE PERTENECIO
AL / DR. D. DOMINGO DE AGUIRRE / MISIONERO APOSTOLICO, VARON DE VIRTUDES
EVANGELICAS / DE SINGULAR SANTIDAD / BENEFICIADO DE ESTA / PARROQUIA DE SAN
MIGUEL / NACIO EN LA CASA SOLAR DE AGUIRRE / DE LEGAZPIA, EL AÑO 1652 / MURIO
EN LEGAZPIA EL / AÑO 1724.Tras el retablo, a la izquierda, un aguamanil de
piedra sillería labrado en la pared. A destacar un precioso suelo de dibujos
geométricos realizado con cantos rodados (uno de los mejores ejemplares de este
tipo de Gipuzkoa).

Ignacio
Cendoya señala que en noviembre de 1625 se procedió a la contratación de un
retablo para la ermita de San Miguel de Legazpia cuya traza la había realizado
Vicente de Mendiaraz.Por esta escritura, Prudencio de Durana, vecino de
Zumárraga y Juan de Mendiaraz se obligaban a hacer la obra para el día de
Pascua de Resurrección; el primero debía de hacer “las columnas segun y en la forma q esta tracado”, y el segundo “debía de realizar una imagen de San Miguel
de buena madera de nogal y del tamaño q esta en la dha pintura q se le a
entregado”. En pago a su trabajo, Durana recibiría 43 ducados, 16 que se le
entregaban en el acto, 14 al poner el retablo y el resto una vez transcurrido
un año; el escultor por su parte recibiría 22 ducados, 10 en el momento de
firmar la escritura y el resto al entregar su obra.
Junto a la ermita, donde
ahora existe ahora una pequeña plaza, está la casa de la Beata, lugar donde vivía
la serora que la cuidaba, y al existir éstas, puede pensarse que en ella se
celebraba misa todos los días de fiesta. Los mayores de Telleriarte cuentan que
para hacerla solía venir un cura que vivía en Arrola. Las primicias de la ermita
se repartían también así; la mitad para dicha ermita, y
la otra mitad para las iglesias de Segura y Mutiloa.
En los libros de actas de la
Iglesia Parroquial figura que la ermita tenía dos pedazos de tierra para
huertos y había una “serora” o “freila” en cada una de las iglesias de “Nuestra
Señora” y San Miguel, quienes cuidaban
los ornamentos y mobiliario de las respectivas iglesias, residiendo la primera
junto al Concejo del pueblo en una casa de la iglesia con licencia del Obispado”,
y la otra en una “casilla de la ermita de
San Miguel”. El libro relata el proceso relacionado con estas personas: al ocurrir la muerte de la serora (de la
parroquia o San Miguel) se reunía el Concejo y examinaba las cualidades que
adornaban a la candidata o candidatas que pretendían reemplazar a la difunta. Y
el informe se elevaba al Obispo de Pamplona con el ruego de que se le
extendiese el título de “serora”. Y despachado éste por el Obispo o el provisor
venía la toma de posesión que tenía lugar conforme a un ceremonial solemne y un
poco pintoresco. En un domingo y a la hora señalada se reunía en la iglesia
todo el pueblo con sus autoridades y representantes, y la “serora” se colocaba
delante del altar. El párroco le entregaba las llaves y conducida de la mano
del escribano, abría y cerraba las puertas, doblaba los manteles del altar,
quitaba el polvo y tocaba las campanas. El
día de la toma de posesión entregaba ante el escribano la dote. Y al morir dejaba
en testamento sus bienes a la iglesia. Apenas se diferenciaban de las monjas
que viven fuera de clausura.
Una vez al año se celebra
misa el 29 de setiembre momento en que un buen grupo de legazpiarras acude a la
ermita con el propósito de cumplir con la tradición de asistir a la eucaristía
y compartir el “amarretako” que se distribuye a continuación. Existía la
costumbre llamada “Sagarinburre”: las tierras de la ermita estaban rodeadas de
manzanos, y los chavales que venían de las escuelas, cogían las manzanas y, a
patadas, las tiraban al aire. En sus tiempos, cada 29 de septiembre fue lugar
de encuentro de todos los escolares de la localidad que acudían acompañados de
sus maestros.Igualmente hasta hace algunos años, durante
mayo, se celebraba en la ermita un rosario vespertino. En los cincuenta se
tocaba la campana cuando moría un vecino de la zona: si era hombre, se daban
tres series de tres golpes y dos series si era mujer.
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