Para acceder a esta ermita se parte del centro urbano de
Soraluze por una carretera asfaltada que por las calles Estación y Zeleta y tras
1,5 kms, llega a una bifurcación que conduce hacia los barrios de San Andrés y
Txurruka. Una vez allí, se toma el desvío a la izquierda. Después de 2,5 kms aparece
el núcleo del barrio de San Andrés donde se encuentra la ermita y que continua por
el antiguo camino que llevaba a Azkoitia.

Está citada en el Compendio de 1625 de Lope Martínez de Isasti; por Pablo Gorosábel en 1862 y en el
Inventario de Domingo Irigoyen de 1934. Sin embargo los datos
históricos sobre su fundación los recoge Elorza
Maiztegui quien señala la existencia de un documento en el Archivo
Histórico de Protocolos de Gipuzkoa (Legajo 3663. Esn Joan de Churruca) donde figura: “El día 7 de julio de 1588
la mayor parte de los vecinos de la villa se encaminaron al lugar de
“Itxasoeguigoitia”, encabezados por el alcalde Martín Ibañez de Arizaga, a fin
de determinar el trazado de la nueva ermita, la manera de conseguir la limosna
necesaria para su financiación y solucionar el problema de los caminos de
acceso desde Placencia y las villas de Azcoitia y Azpeitia, así como de otras
casas de la jurisdicción”. El
procurador síndico del concejo Pedro de Herlaegui, formuló la licencia de
edificación al Obispo de Calahorra. Las obras se verificaron con bastante
rapidez porque el 18 de diciembre del mismo año se dispuso de la campana,
construida por Francisco de Sant, del valle de Oquendo, Álava, por el precio de
13.140 maravedíes. Pesaba 103 y medio kilogramos. La ermita pronto recibe
donaciones como la de Juan de Ibáñez quien dejó 4
reales en su testamento de 1598, y un real Domingo de Barrenechea en 1610.
Se
trata de un gran edificio de 20 x 15 metros, con atrio cubierto de 4,6 m. de
vuelo apoyado sobre todo el muro derecho. Tejado en cinco vertientes
Orientación O. Sobre la puerta de entrada descuella una gran espadaña de obra
con dos orbes y cruz de hierro forjado, con campana y veleta. Tras el ábside,
sacristía de 2,4 x 9 m con tres ventanas. En el muro derecho, puerta de entrada
con arco de medio punto dovelada y aguabenditera a la derecha. Una ventana y una
aspillera. En su interior, bóveda deprimida, y retablo central policromado con
dos columnas dóricas con fuste estriado, tímpano triangular y dos pináculos en
su coronamiento. Alberto Santana
y José Ángel Barrio señalan que “el
presbiterio de esta amplia ermita gótica se protege de la suciedad que pudiera
desprenderse de la armadura de cubierta mediante un “zeru” abovedado en cañón
de ocho arcos rectilíneos, con las calles entre los fajones casetonadas a cinta
y saetín y pintadas con labor de menado. Que este guardapolvo es un añadido
clasicista, de principio del siglo XVII, se percibe por la decoración de
dentículos del estribo sobre el que se apoya la estructura de carpintería.
Obviamente se trata de una repetición a escala reducida del modelo de techumbre
armado en el santuario eibarrés de Andramari de Arrate tan sólo unas décadas
antes”
En 1610, el imaginero de
Tolosa, Jerónimo de Larrea, recibe el encargo de realizar el retablo con la
imagen de San Andrés al centro y rematado con un crucifijo a un extremo,
columnas de estrías, etc, de acuerdo con las condiciones que le había entregado
el alcalde Martín López de Iturriaga, por un valor de 100 ducados
aproximadamente. En 1622, el pintor de Azcoitia Joan de Arriola, fue quien por
el precio de 1.000 reales realizó el dorado y perfeccionamiento de la imagen.
Al colocar este retablo se retiró el anterior que era también de madera pero de
construcción defectuosa. Tras las obras de remodelación, preside el altar la imagen del santo titular San Andrés,
que según dicen es de madera de encina. Junto a ella, a la derecha, una talla
de San Isidro Labrador con hoz y aya, y a su izquierda una talla de la Virgen. La mesa del altar
está soportada por un grueso tronco. Posee coro y púlpito. La antigua casa
seroral es hoy la sede de la sociedad recreativa del barrio.

Del conjunto llama la
atención por su originalidad la imagen de San Isidro con laya y hoz. Juan San Martín señala esta
circunstancia: “Se trata de una talla
popular muy singular, que merece ser descrita. Su estilo es de primeros del
siglo XVI o tal vez de la segunda mitad del XV. Pero lo asombroso del caso es
que San Isidro no fue canonizado hasta 1621. ¿Representaría a otro santo en su
origen? Todo es posible. Lo que sí parece es que, por la posición de los
brazos, no se hizo para sostener una laya. Es de madera policromada (está
repintada) y mide 73 cms de altura. De buen porte y con el característico hueco
al dorso para mantener tensiones que podían deformar la madera. La haya actual
es de púas alargadas, de las que Telesforo de Aranzadi atribuía dos siglos de
antigüedad, no más, a éstas de horquilla muy larga. Pero tuvo otra laya
anteriormente. La cual fue sustituida hace un par de años por estar apolillada.
No hemos podido precisar sobre la laya anterior, pero según se explican en el
barro de San Andrés, era de púas más cortas. La laya es sostenida con la mano
izquierda. La posición alta de la mano hace pensar que seguramente no contenía
esta herramienta en su origen. No obstante, el santo ha portado laya desde muy
antiguo, si hemos de considerar, como dicen, que la anterior le fue retirada
por estar ya muy carcomida a causa de la polilla. En la mano derecha porta una
hoz que tampoco parece pertenecer la talla desde antiguo, y al igual que la
laya no guarda proporciones con el cuerpo del santo. … A finales del siglo
pasado o primeros del presente se le ha colocado un sombrero de copa alta,
seguramente como atributo de jerarquía, como llevaban los alcaldes de la época.
Razón de más para sospechar que antaño la cambiarían por otros objetos las
herramientas que ahora lleva.”
La
ermita conserva su propia cofradía cuyos miembros celebran un comida en el
pórtico del templo el día siguiente de su fiesta, un domingo de principios de
julio. Los mayordomos (dos representantes de distintos caseríos según turno
establecido) se designan tras la misa de ese lunes. El día de San Isidro, hasta
los años cincuenta, se sacaba en procesión la imagen del santo por los
alrededores. El día de San Juan se bendecían las cruces (gurutxeak) hechas con madera de laurel (sahats) para luego colocarlas en campos y prados como protección
contra todo mal (sakarreko-kontra).

Las
campanas tañían al amanecer (albokoa),
mediodía (eguardiko kanpaia) y
anochecer (aingelua). En todos los
casos se daba una única serie de doce golpes precedida y cerrada de un
campanazo seco. Se silenciaba cuando empezaba a sonar la campana parroquial.
Cuando ésta callaba, nuevamente la ermita de San Andrés clamoreaba con su
metálica voz a base de golpes seguidos y no muy rápidos, de manera que se
establecía una suerte de diálogo entre ambas campanas. Cuando se conocía el
deceso de algún vecino y durante la conducción del féretro, se hacía el toque “ilkanpaia” consistente en siete golpes
lentos si era hombre (aguardando a que el sonido se desvaneciese) y nueve
cuando el difunto era mujer. En caso de incendio se toca a rebato (sukanpaia).
Ramiro
Larrañaga comenta que “El alto de San
Andrés fue siempre el “observatorio” local para prevenir las tormentas y avisar
su inminente llegada con el tañido de la campana de la ermita (orenkanpaia).
También avisaba de los incendios. Era un servicio gratuito que venía
desempeñando el mayorazgo del caserío San Andrés o el de Arteta, ambos muy cercanos
a la ermita contando con una asignación que tenía su origen en una cuota que
pagaban anualmente todos los caseríos de la zona. No se sabe la razón que pudo tener el Ayuntamiento para prohibir en 1840
este servicio. Sin embargo, en 1857 se nombró a Cecilio Lizarriturri para que
ejecutase esa labor como se venía haciendo anteriormente. Quedó en suspenso el
nombramiento cuando poco después el párroco incitó a la desobediencia al
campanero de la ermita de San Andrés, al parecer por cierto altercado que tuvo
éste con el maestro de escuela”.
Las
personas afectadas por el dolor de muelas (agiña-kontra)
venían a rezar y encendían una vela ante el cuadro de Santa Lucía y Santa
Apolonia (patrona de los dentistas). También acuden a los pies de San Andrés
las madres con niños que empiezan a tartamudear. Por razones climáticas, la
fiesta se trasladó del día de San Andrés (30 de noviembre) al domingo siguiente
a Santa Isabel (8 de julio) pero desde 1852 pasó a celebrarse en domingo y no
en día laborable. Hay misa y romería tradicional.
En los
años noventa, los vecinos del barrio deciden acometer la restauración de la
ermita aportando mano de obra en “auzolan”. La Diputación de Guipúzcoa apoya la
iniciativa poniendo especial énfasis en el valor arquitectónico del templo y la
necesidad de adoptar una postura de máximo respeto a sus elementos más
significativos: estructura de madera, coro, pavimento cerámico, “zeru”,
púlpito, retablos e imágenes. Las obras se iniciaron con un remozamiento
general de la cubierta, consolidando su armadura de madera, reponiendo los
cabrios deteriorados y renovando el enlatado y la teja. En una segunda fase se
recompuso la bóveda de madera, se aplicó un tratamiento antixilófagos a toda la
madera, se completó y limpió el pavimento de losetas de ladrillo y se pintaron
las paredes. La iniciativa ejemplar del vecindario del barrio fue incentivada
con la concesión de subvenciones de 1.000.000 ptas y 500.000 ptas en 1997 y
1998
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