El
hecho de estar construida en el barrio de Garagarza encima de una peña desde la
que se domina el valle así como el acceso a través de los ríos Deba y Kilimon, aporta
verosimilitud a la hipótesis que en sus orígenes estuviese ocupado por una
torre defensiva. La ermita se hace muy visible desde la autopista Bilbao-Donostia
y es una de las más carismáticas del valle de Mendaro con mucha devoción entre
sus habitantes.

El
historiador Murugarren sitúa la
primera referencia en 1529. Aguirreazkuenaga,
Aldama y Uriarte refieren que al intentar conocer los comienzos de esa posible
torre de control situada en la intercesión de los ríos Deba y Kilimon así como
las posibles causas que la hicieron surgir, habría que contestar a otras
preguntas con las que justificar su existencia Qué controlaba?, ¿de quién se defendía?...). Las respuestas resultan
verdaderamente difíciles. Sí parece que su origen es al menos medieval, e
incluso nos atreveríamos a aventurar que esa hipotética torre localizada en
Santa Ana es anterior a la construcción de las torres de Ospaz y Lasalde, las
cuales van a controlar a partir del Bajo Medievo (o incluso desde un poco
antes) las aguas del Deba y Kilimon desde el propio valle, lo que quizás
provocó que la antigua torre de control perdiese su función defensiva, pasando
a tomar una función de tipo religioso conservada hasta hoy. En cuanto al
apartado de las causas que pudieron hacer necesario construir esta torre, no
encontramos respuesta definitiva: quizá los revueltos siglos altomedievales en
esta zona geográfica cercana a la costa y a la vez zona fronteriza entre reinos
castellano y navarro tengan la respuesta. A pesar de todo, preferimos
mantenernos cautos y dejar todo lo dicho como meras hipótesis que la
investigación histórica futura pueda admitir o desmentir definitivamente”.
Tanto
Aguirre Sorondo comoAntxón Arrieta la describen “Edificio rectangular de 15 x 10 metros con
tejado a seis aguas orientada al noroeste con sacristía adosada a la derecha
con tejado a un agua y ventana exterior. Espadaña situada en el lienzo derecho
y no sobre la portada que se culmina con una cruz de piedra entre dos
pináculos. Bajo ella una ventana a la altura del coro. Esquinales de sillería y
resto de sillarejo. Frontispicio con puerta de acceso y una ventana más arriba;
aguabenditera a la derecha de la puerta. En el interior, presbiterio con bóveda
de cañón y talla de Santa Ana en una hornacina de sillería caliza. Coro y
techumbre completamente de madera. Sus vigas forman arcos, quizás lo más
interesante del templo. Montado sobre la pared derecha, un rústico púlpito
multicolor. Sobre el altar, pendiendo del techo, un gran Cristo Crucificado.
Prácticamente se encuentra rodeada por una cantera”
El 18 de junio de 1617 se
realiza una escritura entre Andrés de Ybarra, ermitaño y los moradores del Valle de Mendaro en la que acuerdan que el mismo Andrés de
Ybarra reedifique la ermita de Santa Ana. Tendría coro, una ventana de piedra
labrada en él, una torrecilla para la campana con esquinales y vanos de piedra.
A cambio recibiría 172 ducados, 60 de manos del ayuntamiento y el resto lo
recogería él mismo en limosnas. La ermita que va a construirse no parece ser de
nueva planta sino que lo hace sobre una edificación más antigua, tal y como se
señala en las condiciones de la escritura “Primeramente,
es condicion que aya de ensanchar la yglessia de la dicha hermita en veinte y
dos pies adelante, haçiendo paredes...”.

Unos
años después, en 1639, hay que empezar nuevamente la construcción de un templo
de 8 metros por 13,5 metros con coro y un altar para cada una de las tres
figuras de la vieja ermita. El arco fajón encima del altar, aunque se proyectó,
tendría que esperar hasta que hubiese dinero suficiente. En el lienzo derecho,
junto al presbiterio, se efectuará la sacristía y la puerta de entrada en el
izquierdo. Se comienza solicitando licencia al Obispado de Pamplona para hacer
obras y reparaciones. Miguel Cruzat, síndico y juez oficial, la concede el 16
de noviembre de 1638 justificando la necesidad de las obras para ampliar el
recinto y conseguir un mayor aforo que
se financiarán con las rentas que genere la propia ermita y las limosnas que
recibe. Promovidas la obras, los habitantes del valle de Mendaro, requieren a
Deba, municipio al que pertenecía, para que se hiciera el remate de la obras
según la traza y condiciones establecidas por Joan López de Echave.La traza
presenta una edificación rectangular de cuarenta y ocho pies de largo por
veintiocho de ancho, con una altura en las paredes de veinte pies. Además
existe en un lado una pequeña edificación anexa para la sacristía y otro
saliente en otro lado para resguardar el altar.La obra se ejecuta de
mampostería en general excepto la utilización de piedra sillar en esquinales,
puertas y ventanas. La cubrición se hace con tirantes principales de dieciséis
codos de largo con travesaño de diez codos en el ochavo de encima del altar
mayor. Se colocan distintas piezas más y se cubre con tejas. La terminación de
las obras debe hacerse antes de mayo de1641.La subasta se haceel 20 de enero de
1639 en la puerta de iglesia de Garagarza estando presente Francisco de
Andonaegui, vicario de la matriz de Deba. El remate se hace siguiendo el
procedimiento habitual:se aceptan ofertas en tanto en cuanto la candela esté encendida
y cuando se apaga se adjudica a la que en ese momento es la más baja. Tienen preferencia
los naturales del lugar y Joan López de Echave, de la casa solar de Echave
cercana a la ermita, gana la subasta efectuando la fianza seis días más tarde.Durante
el arreglo de una de las paredes viejas, se comprueba que no tenía suelo firme,
por lo que hubo que hacer primero una pared de sustentación, aprovechándose
para hacer una plazuela delante de la ermita y enlosar el suelo de la
sacristía. Hubo diferencias de criterios en la tasación lo que dio inicio a un
pleito entre las partes.
El 28
de octubre de 1711 se encarga a Matheo de Azpiazu la realización del retablo
central por 60 ducados pagaderos la mitad el 6 de diciembre y la otra mitad, el
26 de setiembre del año siguiente. Al adquirir el barrio en 1983 categoría de
entidad municipal independiente se aprovechó para efectuar su restauración. La
ermita amenazaba ruina pero afortunadamente parte de la cubierta se reconstruye
en auzolan. Más tarde (en la segunda
mitad del siglo pasado), los vecinos también en auzolan tal como lo hicieron con las ermitas de La Trinidad y el Ángel
de la Guarda, la restauran con encomiable espíritu.En abril de 2021 sufre una
de tantas gamberradas quedando la puerta dañada y sin luz al cortar sus cables.

Siempre
se ha tratado de una ermita importante desde la visión religiosa de la época al
disponer en algunos momentos de su historia, de serora y ermitaño llamado
Andrés de Ibarra. Así consta en 1714, que por muerte de la serora Ana de
Recalde fue nombrada María de Muruatras entregar la correspondiente dote.Le
sigue Marta de Lascurainhasta 1742 y María Ramos de Ituarte hasta 1757 cuando
la sustituye María Antonia de Zigaran. Disponía de varios censos que la gente
devota hacía a su favor, al igual que la dejaban limosnas.
Las
fiestas patronales de la villa, las “santanas”, se celebran con motivo de la
festividad de Santa Ana o Santana-jaiak (26 de julio). Se inician el 24,
víspera de Santiago.Peña Santiago realiza
una pormenorizada descripción de las tradiciones y costumbres en la mentalidad
del pueblo de Mendaro. “Construida sobre
una peña. Es de esta ermita de Santa Ana de donde suelen decir los padres de
Mendaro a sus hijos que les traen los nuevos hermanitos: “Aita,
umiaknundiakekartzendira.? ¡Santanatik! Aita, ¿de dónde traen a los niños? ¡De
Santa Anal”. Hasta hace poco tiempo al menos, era costumbre ir a Santa Ana a la
misa, yfiesta a la que asisten los txistularis del municipio. Frente a la
ermita suelen ponerse algunos puestos de venta y bar. La fiesta comienza con la
procesión desde la parroquia de la imagen de la santa hasta la ermita
acompañada por los habitantes con sus pañoletas verdes al cuello. Continúa con
la tradicional misa mayor, amaiketako con chorizo y txakoli y los consabidos
bertsolaris.El día de Santa Ana Txiki era costumbre que los hombres y las
mujeres acudiesen a comer junto a la ermita en cuadrillas siendo manjar
especial las lomas y barbos que se habían pescado con red en las aguas de los
ríos próximos, cumpliendo así una costumbre transmitida de padres a hijos, de
generación en generación”.
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