Ermita dedicada a San Ignacio ubicada en el barrio
Oria de Idiazábal (antes barrio de Katea). Se encuentra sobre el mismo borde de
la carretera de Beasain a Segura y Zegama en la vecindad del molino de Oria.
Citada por Pablo Gorosábel en 1862
junto con las de Nuestra Señora de Guruceta, San Ignacio y San Esteban. Tanto Iparraguirre y Pedro Múgica señalan que anteriormente la ermita era el antiguo Humilladero
del Santo Cristo cercano al primitivo cementerio de la localidad perdiendo esta
condición con la canonización del Santo (1622)

Edificio
rectangular de 12 x 7,9 metros con tejado a dos aguas. Altar orientado al oeste
con dos puertas de acceso, una en la testera con aguabenditera a su derecha, y
otra en el muro derecho. Dos ventanas, una a cada lado a la altura del
presbiterio. Pequeño campanil metálico en el hastial superior de la puerta
principal.
La tradición señala que Íñigo de Loyola, herido en el
sitio de Pamplona, descansó en Idiazábal en muy mal estado el 23 de mayo de
1521 cuando se le conducía a su Casa Torre de Loyola. Aunque ofrece dificultades
históricas es posible que coincida con la verdad ya que de ese viaje del Santo
se conoce con certeza el comienzo del itinerario: salió de Pamplona sobre
parihuelas por la herida recibida en la defensa de esta ciudad,continuó por la
Cendea de Iza, Zuasti, Irurzun, Larraun, ignorándose con seguridad la
continuidad del itinerario a partir de este lugar.
Múgica Iparraguirre señala sobre su construcción“Al siglo siguiente a raíz de su canonización
en 1622 se erige la hoy histórica ermita de San Ignacio de Loyola a cien metros
frente al palacio, junto a la Calzada Real. Evocaban que al herido lo traían en
una camilla entre varios soldados acompañado asimismo por un Señor que debió
ser su amigo Esteban de Zugasti. Alguno de ellos debía conocer bien este
antiguo camino. Se decía que el herido se encontraba muy mal y que los Señores
de Oria, insistieron para que descansara en el Palacio y partiera al día
siguiente hacia Loyola, pero Íñigo agradeciéndoles tanta atención, les dijo que
quería llegar cuanto antes a la Casa Torre de Loyola. Desconocemos si
intervinieron los Señores de la importante Casa Torre de Estenaga (vasallos del
rey) que estaban emparentados con los Loyola. Más tarde un miembro de esta Casa
nacido en 1618 Miguel de Avendaño y Estenaga ingresó en la Compañía de Jesús
quien señalaba que siendo jovencito conoció la erección de la ermita”. Al
principio la presidía una pintura que se conserva en la Iglesia del Señor San
Miguel.
El diecisiete de noviembre de
1677, siendo propiedad de la casa de Oria, se contrata la
ejecución de un retablo con Domingo de Viquendi por la cantidad de 2.500 rs
pagadero en tres plazos, 750 rs en el momento de pactar la escritura, 500 rs el
día de la Ceniza y el pago restante el día de San Ignacio de 1678, siendo
dorado y dorado y policromado por Juan de Arraiz. La talla de San Ignacio para
el retablo la realizó Francisco de Bengoechea, maestro escultor y vecino de
Tolosa, por 48 pesos de a 8 rs de plata. La pagaron a partes iguales entre el
Señor de Oria Juan García de Aranguren y Francisco de Lardizábal Goiburu siendo
testigos Bautista de Lardizábal y Manuel de Mintegui. El plazo de
ejecución se cumplió con holgura por lo que el nueve de junio de 1678 se da la
carta de pago definitiva de los 2.500 reales, después que Juan García de
Aranguren reconozca haberse terminado el retablo “con tres nichos siendo maior el de medias para poner y colocar en él,
el bulto de San Ignacio y los otros dos a los lados algo menores y
correspondientes para poner en cada uno de ellos bultos o quadros de otros
santos conforme arte y traca que avían echo y de entregarlo puesto en el dho
altar..., siendo por su cuenta todos los materiales necesarios y entregárselos
al dho muro aserrados al pie de la obra”.

Ignacio
Cendoyadescribeel retablo “Consta de
banco y un único cuerpo dividido en tres calles por cuatro pequeñas columnas de
estrías onduladas y capitel compuesto, siendo la calle central mucho más alta
que las laterales. Esa calle presenta un ático semicircular con una abultada
cartela en su parte superior, siendo las calles laterales arquitrabadas, de tal
modo que aquella enlaza con estas por medio de aletones. Los netos de los
extremos presentan ménsulas, mientras que los interiores tienen pintajes en su
frente siendo decorados los tableros intermedios mediante decoración avolutada.
El friso presenta el habitual follaje y destaca el marcado de amplio volumen
que termina en codillos en la parte superior, todo ello conformando un esquema
que ya parece haberse hecho común y que se repite sin cesar. La imagen que
preside el retablo en la hornacina cuyo intradós repite los cogollos, es una
obra de escasa calidad, sin que los ya conocidos rasgos del santo por estampas
y la mascarilla de cera traída de Roma por el Padre Ribadeneria hayan tenido
excesivo eco en esta ocasión. Se trata de una escultura de tipo popular, causa
rústica nos atreveríamos a decir, apareciendo el santo con el ostensorio en su
mano derecha y un libro en la izquierda. En la calle de la izquierda, hay un
lienzo dedicado a San Juan Bautista, quien aparece en posición sedante,
mientras que al otro lado es San Francisco el representado, apareciendo arrodillado
ante la paloma del Espíritu Santo y mostrándonos sus estigmas. Se trata de
pinturas no muy afortunadas tampoco, sin que como es norma conozcamos el autor,
quien bien podría ser el que ejecutó los lienzos situados en el remate de los
colaterales de Nuestra Señora del Rosario y San Blas de la iglesia parroquial
de la misma villa.Junto al retablo, en la
pared adyacente, se conserva un Cristo crucificado que se dice perteneció al
Oratorio de la Casa de Oria.
En
1773 la ermita tenía una capellanía fundada por Joseph de Astigarraga que rentaba
19,5 ducados anuales para que con ellos se hiciesen misas (a 5 rs cada misa).
Catorce años después se señala: "Esta
Hermita del Glorioso Patriarca San Ignacio de Loyola, es del dueño de la Casa
de Oria y actualmente lo es de Dn Josef Joachin de Astigarraga, Presbítero, capellán
en Segura y se halla con la decencia necesaria. No hai Hermitaño, ni Serora y
cuidan de su aseo y limpieza los inquilinos de la Casas de Oria". En1993
la Diputación Foral de Gipuzkoa aportó un millón de pesetas para arreglo de la
cubierta.
La ermita abre sus puertas anualmente en dos
ocasiones: cuando pasa el autobús con los romeros de San Adrián hace sonar sus
campanas para anunciar su llegada al pueblo, y en la festividad de San Ignacio
que se celebra misa y romería. Hasta 1983 se celebraba misa todos los domingos
a las 11,30 horas.
La romería es el 31 de julio y
se oficia misa. Durante cinco días se hacían diferentes festejos a los que acudían
vecinos de la zona. Hoy, la fiesta que organizan los jóvenes se celebran en
otro lugar y dura un sólo día. Hasta hace poco se acudía el tercer día de
rogativas de la Ascensión(letahin-astea): el primer día, lunes, se iba en procesión desde la parroquia a la
ermita de Nuestra Señora de Gurutzeta; el martes, a la ermita de San Esteban y
el tercer día a San Ignacio de Oria.También se celebraba la Jorriñeko-kontrako mesa o misa para la
protección de los campos,en un día indeterminado a principios de mayo.
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