En lo alto de la colina de
Alzamendi, cerca de los caseríos Echeberri de Alzaga se encuentra esta ermita a
la que, por sus primeros manuscritos escritos, Luis Murugarren le asigna la fecha de 1540 bajo el nombre de Nuestra
Señora de Alzaarte. La señala como la antigua parroquia y primera iglesia de
Alzagadada su mejor situación para la convergencia de la población en época
pastoril. También Lope de Isasti la
cita en su “Compendio de 1625”, y en su
interior guarda la imagen de Andra Mari de Alzagárate, una preciosa talla del
siglo XIV-XV aunque por ciertos rasgos de su figura y ropas podríamos
atrevernos a hacerla más antigua.

Manuel
Lecuona señala que en su entorno,desde tiempo inmemorial, existe una tradición
“Cerca de aquel punto, en una casa hoy
desaparecida conocida por Posta-echeta o Bost-aitzeta,donde se cruza el camino
que va de Alzaga a Gainza con el que va a Baliarrain, Zaldivia y Ordizia, pasó
una noche San Ignacio de Loyola, cuando lo llevaron herido de Pamplona a
Loyola. Ahora bien, Alzaga es un punto muy relacionable con la “ruta de
Larraun”, precisamente en función de ruta de peregrinos procedentes de Navarra,
teniendo como complemento a la ruta de peregrinación, un lazareto en la
referida ermita de Alzagarate, ermita dedicada muy significativamente además a
Nuestra Señora,la Magdalena y San Sebastián, santos ambos eminentemente
relacionados con los “apestados” que antaño frecuentemente transitaban por el
país, caminando a Santiago de Compostela; situada, por añadidura, en un punto
muy indicado para funciones hospitalarias de tipo infeccioso por su situación
alejada del poblado, y dotada, además de una casa aneja para hospitalización de
enfermos. Todo lo cual hace muy explicable y verosímil la tradición
alzagatarra, sobre el hospedaje del Santo en Posta-echeta, camino de Azpeitia,
después de la herida de Pamplona”.
Aguirre Sorondo nos
describe su arquitectura.“Edificio de
cuerpo rectangular y ábside cuadrado con sacristía adosada a su izquierda con
su correspondiente ventana. El templo mide 16,2 m. x 9,7 m. con esquinales de
piedra sillería y campanil de hierro forjado con su campana. Dos puertas de
entrada, al SO y NO, doveladas, de medio punto, con aguabendítera de caliza a
la derecha y una ventana sobre la primera. Tejado a seis aguas. El ábside en
bóveda de cañón con un sencillo retablo de madera policromada donde se lee:
“AÑO 1869 SE. 27 - COSTEO LA PINTURA Y DORADO DE ESTOS TRES ALTARES D. JOSE
ANTONIO YZA”. En el altar mayor, alineado hacía el NE, la imagen de Nuestra
Señora de Altzaga del siglo XIII (0,70 m. de altura). La luz se filtra a través
de dos ventanas del lienzo SE., una a la altura del presbiterio completando el
edificio, el coro.
Junto
a la figura de Andra Mari destaca una pequeña talla de San Sebastián. Es un San
Sebastián que ofrece las características de la imaginería realizada en el siglo
XVIII, un poco gordito, con barba y bigote muy bien marcados, recibiendo los
flechazos en su cuerpo como si tal cosa, con las manos unidas bajo la cintura. Antiguamente
poseía un altar propio que se suprimió junto a otro de Santa Catalina, sin
haber quedado constancia de las razones que determinaron tal suceso. No lejos
de esta escultura la imagen de la Virgen del Rosario. El altar, protegido por una
verja, consiste en una gran kutxa tradicional vasca.

El libro primero del archivo
parroquial de Alzaga que es de cuentas, comienza el 23 de setiembre de 1539 y
se cierra en 1650. En su folio 75, habla del mandato que con ocasión de la
Visita realizó el licenciado Don Joan de Gaona el 28 de noviembre de 1540, donde
señala la existencia de una ermita de la advocación de Santa María y en la que
deja constancia que en 1549 “Domingo Gil Mendiola debía a esta ermita de Santa
María de Alzagaratela cantidad de 15 ducados”.
En
1674 el alcalde y vecinos “de la villa de Alcega” entablan pleito contra el
rector D. Martín de Elormendi por negarse a dirigir la procesión que los lunes
de rogativas se acostumbraba a realizar desde tiempo inmemorial. Su recorrido
discurría desde la parroquia de Alzaga hasta la de Arama, de allí a la ermita
de San Bartolomé de Ordizia, a la de San Juan de Letrán de Isasondo y su
parroquia, para retornar a continuación al punto de origen. Los martes se iba a
Gainza y el miércoles a Baliarrain y a su ermita de San Juan. El rector alegó
que estaba prohibido por disposición eclesiástica efectuar procesiones tan
largas, que algunos abandonaban el recorrido a medio camino y otros se volvían
antes o marchaban a tomar “refrescos”, dejando al rector casi sólo con la cruz
parroquial. Durante el pleito, hubo testigos que defendieron la postura del
rector, y otros que afirmaron que la distancia no era tan larga. Para dirimir
la disputa, el obispo de Pamplona en persona realizó el recorrido y sancionó
que, en lo sucesivo, se acortara algo,
aunque no tanto como pretendía el rector ordenando que el lunes de rogativas se
fuese sólo a dos ermitas y a otras tantas parroquias, pero sin indicar cuáles.
El concejo pide que sean Arama y Villafranca pero el rector lo desaprueba.
Nuevamente debe ser el obispo quien decide: el recorrido de los lunes cubrirá
desde Alzaga o Arama y ermita de San Bartolomé de Ordizia, y regreso directo a
Alzaga: los martes a la parroquia de Isasondo y ermita de San Juan de Letrán; y
el miércoles a la parroquia de Gainza.
En
1753, al entrar como ermitaño Juan Ignacio de Aramburu, aporta una dote de 50
ducados con los que se decide arreglar las paredes de la ermita. Los vecinos
ponen los materiales y la obra la ejecuta el maestro cantero Miguel de
Eleizegui, vecino de Isasondo, a quien se le abonarán 20 ducados al empezar y
el resto al terminar. Disponía de casa con huerta para el ermitaño que se
vendió en 1810.
La
ermita necesitaba una bovedilla para que pudiera tener encendidas las luces en
las funciones religiosas ya queel viento que entraba por el tejado las apagaba.
Así se estipula en 1899, por lo que se forma una comisión para hacer las obras
y se inició la petición de limosnas. Entre los hijos de la villa que vivían en
San Sebastián se recogieron 785 ptas y entre el vecindario 237ptas más. Otros
aportaron materiales y algunos la mano de obra.

En
1916 se pone puerta nueva y hacia 1930 se retira a la sacristía la imagen de
«Andra Mari» sustituyéndola por una Inmaculada. El cambio no agradó a nadie y,
durante mucho tiempo, las gentes reclamaron que se pusiera la imagen que se
había venerado durante generaciones. Tal fue la fuerza de la protesta que al
fin la Virgen de Alzagárate volvió a colocarse en el altar.En 1933 la ermita se
blanquea a fondo. Martín Esteban, restaurador de San Sebastián, se ocupa en
1958 de la imagen de la Virgen, lo que costó, sólo en mano de obra, 1.047 ptas.
En 1961 se efectuó el retejado completo en auzolan
y a todos los que colaboraron se les obsequió con una cena. Para su adecentamiento
y pintura, en 1991 la Diputación Foral de Gipuzkoa colaboró con 600.000 ptas.
En su interior destaca la
imagen de Nuestra Señora de Alzagárate, pequeña talla de tipo románico que mide
unos 55 centímetros de altura. La talla procede de algún taller de escultura
datable en los siglos XIV o XV, aunque no faltan quienes le atribuyen mayor
antigüedad. En la mencionada imagen contrasta la belleza y precisión de rasgos
de su expresivo rostro, primorosamente resuelto por el artista que la creó con
el tosco desarrollo de su cuerpo, apenas esbozado y carente de gracia, aparte
de ser desproporcionado, por su reducido tamaño, comparado con el atribuido a
su óvalo facial. El Niño Jesús, de aspecto serio y tristón, reclinado sobre la
Virgen en el costado izquierdo, no acredita tampoco al autor de la talla cuyo
cincel ha realizado en cambio una excelente labor para dar forma a las manos de
la Señora, una de las cuales, la derecha, está levantada y muestra entre sus
dedos una manzana.En conjunto la imagen agrada y atrae, tanto por su porte que
inspira serenidad y recato, como por la cándida expresión de su bello rostro,
del cual, al margen de las perfecciones artísticas, emana una impresión de
piadoso efecto hacia quienes, reverentes o despreocupados, se acercan a
contemplarla.
El P. Adrián de Lizarraldeseñala sobre la
imagen “Invítesele a sentarse sobre un
taburete a la Virgen, y pasará por ser un tipo perfecto de las imágenes
descritas en la segunda mitad del siglo XIII. Nosotros la hacemos 200 años más
joven, fijándonos principalmente en el ademán recto, si bien ostenta grandes
reminiscencias atávicas en el simbolismo y en el continente encogido dentro de
anchas hopalandas”.Y Fray Pedro de
Anasagasti, la detalla como “Imagen
rectilínea, como si el escultor hubiera tenido que realizarla en la estrechez
de un tronco, rostro muy bello de una euritmia impresionante, y que recuerda
las estatuas egipcias. Ojos grandes, profundos, obscuros, escrutadores; labios
carnosos, exuberantes, delimitando una boca sabrosa; barbilla torneada con
primor; nariz ligeramente aguileña; cejas pobladas y bien arqueadas; intachable
óvalo facial. Es una faz penetrante, mezcla de dominio y de interés por el
prójimo, de serenidad y afecto. Se diría que el artífice solamente se preocupó
de esta cabeza magistral y que en su hechura agotó su atención y su artesanía.
Porque el cuerpo sólo está esbozado, en toscas cinceladas, y resulta mezquino
para su testa. Tosca túnica sin laboreo. En unos pocos pliegues inferiores de
su manteo remata apresuradamente su concepción. Las manos son lindas, la
izquierda sirve de asiento al Niño, mientras la derecha levantada, sostiene una
manzana. No es tan agraciado el Niño, con ojos saltones, barbilla prominente,
boca minúscula y ceño preocupado. Crúzale levemente sus piernas. Se sienta
sobre la rodilla izquierda de su Madre. En la izquierda sostiene un globo; y
levanta la derecha, desproporcionadamente grande, en actitud de bendecir. Como
en la mayoría de las Maternidades,el Hijo sale menos afortunado de las manos de
los artesanos”.
JosetxoZufiaurre cuenta este
ritocon origen en la ermita de San Gregorio de Astigarreta.“Si una vaca era reacia a quedarse preñada cuando
la cubría el toro se le rodeaba el cuerpo, a la altura del vientre, con la
cerilla bendecida (de la que se ponía en la argizaiola de la sepultura de la
iglesia). La longitud de cera que no se había utilizado se llevaba a la ermita
de Alzágarate para que ardiera a los pies de la Virgen”.
Algunas
madres acuden durante varios días seguidos con niños que sufren de
incontinencia urinaria. Colocan a la criatura sobre el altar y, si el niño es
un proco crecidito, lo ponen sentado y rezan oraciones y ofrendan velas. En su
rogativa, siguiendo la tradición, ofrecen un litro de aceite para la luminaria
de la ermita. La ofrenda más característica de la ermita de Alzagárate es el
aceite, aceite llevado para que no falte luz en la lámpara que brilla ante el
altarcillo de la Virgen, aceite que donan las madres cuyos hijos han sanado, aceite
que incluso remiten desde San Sebastián, sin que se sepa quien, ni por qué
promesa laha enviado.
Hasta
1977, los festivos por la tarde había vísperas y rosario y los festivos, desde
el 3 de mayo al 14 de septiembre, el sacerdote realizaba los conjuros y
bendecía los campos. Los vecinos ascendían en rogativas desde la villa hasta
1985, y en vía crucis el Viernes Santo hasta 1987. Cuando muere algún vecino,
sus campanas tañen a difunto.
Alzagárate
celebra romería en la Ascensión, día en que suben gentes de Alzaga, Arama,
Isasondo, Ordizia y Beasain. Hay misa a las once de la mañana, con sermón de un
sacerdote traído de fuera. Las vísperas, a las cinco de la tarde, terminan con
una procesión en torno a la iglesia, llevando en andas a la Virgen del Rosario.
En esa festividad se ofrecen velas y entregan limosnas.Al parecer, antiguamente
se efectuaban bautizos en esta ermita y en la actualidad hay parejas que la
escogen para contraer matrimonio.
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