viernes, 23 de noviembre de 2018

Ermita de Santa Marina. Asteasu



Tomando la carretera que desde Billabona conduce a Aia por elcollado de Andazárrate, sobre una puntiaguda colina, está la ermita de Santa Marina. Solitaria en un corto picacho, a la izquierda de la carretera y como a un kilómetro antes de entrar en Asteasu, se levanta en el barrio de Goiballera junto al caserío Inkilin-soro. Todavía es centro de especial devoción para los habitantes de las villas cercanas y barriadas que la envuelven. Poco a poco, ha ido quedando aislada y hoy, son pocos los que se detienen en las proximidades del caserío Olarrega y siguen la empinada senda que lleva hasta la sencilla portada del templo.


Según los archivos municipales, las primeras noticias documentales conocidas datan de 1573. A esa época puede corresponder la portada principal en arco de medio punto. Sin embargo, su advocaciónligada al camino de Santiago y su estratégica situación en lo alto de una loma, inducen a pensar en un origen más antiguo. Peña Santiago señala “Santa Marina, denominada como “Santamaña” entre los caseríos vecinos es una de las advocaciones más antiguas que conocemos entre los santos a los que se da culto en nuestra provincia, trayéndonos el recuerdo de los antiguos pasos del comercio y peregrinaje. Tambien, quizás, esta santa podría ser el último resto cristianizado de un culto a “Mari”, la reina de las “damas y diosas” de nuestra mitología, esposa de “maju”.Los restos de antiguas calzadas en el collado de Andazárrate como los pasos de los caminos hacia Etumeta, Beizama, o Iturrioz justifican la teoría de su especial devoción por parte de caminantes y el carácter de refugio que le sobrevive.

Lo confirma Hipólito Usabiaga“La estructura de la ermita, su situación y arquitectura hacen suponer que su construcción pertenece a la época de los templarios. En las Juntas de Getaria celebradas en 1397, se adoptaron drásticas conclusiones contra los perturbadores y malhechores que molestaban y maltrataban a los peregrinos, que procedentes de Baiona en ruta a Santiago, seguían la costa guipuzcoana. Otro tanto ocurría con los que caminaban por la parte interior occidental de la provincia. Con este fin construyeron los Templarios diversas atalayas en los pueblos de tránsito y villas circundantes. Así se señala su existencia en lugares como Santa Engracia de Aizarna, Santa Marina de Asteasu. Hasta en Elgoibar y Vergara hubo edificaciones por intervención de los mencionados pioneros del orden y seguridad. Protegían a los enfermos, dándoles hospedaje en los locales adosados a las iglesias como el que ostenta la ermita de Santa Marina”.Se le considera uno de los templos más antiguos de la comarca.

El edificio es rectangular,con sus esquinales de sillería y el resto del edificio de sillarejo. Muros encalados y suelo de ladrillo rojo, macizo. Sus medidas exteriores son 15,5 m de largo y 9,8 m de ancho con orientación E. Presenta una sacristía adosada de 5,2 x 3,2 m con ventana. La espadaña es de sillería y despunta sobre el hastial posterior. Tejado a dos aguas. La entrada se encuentra en el lienzo derecho con una puerta dovelada de medio punto existiendo otra antigua puerta hoy condenada que comunicaba con el caserío adosado. En la parte trasera del edificio cuatro ventanas del tipo ojival y dos de ojo de buey.En su interior, un cierre de barrotes también de madera divide el templo en dos partes e impide el paso hacia el altar. Eso y la presencia de un coro de estructura de madera son los únicos detalles que rompen su simetría. Unos portacirios y algunos toscos bancos, obra de artesanos locales, completan los motivos que enmarcan el altarcillo de colores vivos donde se encuentra la imagen de la santa titular. Alza una cruz en su mano derecha llevando el día de la romería, la cabeza adornada de flores traídas por los devotos. A su lado, en un rincón una tosca talla de pequeño tamaño de Santa Águeda, muy descolorida.

Las primeras noticias escritas datan de 1588 y en 1686 estaba de serora “fulana de Toledo”, hija de Joanes, viudo de Mariana de Ondarza, y madre de tres hijos: Juanes (casado con una hija de la casa de Ondarza de Suso, y con familia). Francisco (casado en Orio) y Ascensio (casado en Asteasu, con hijos). El citado Joanes murió con 105 años en 1692. La villa arrendaba la casa aneja a la ermita y sus tierras de las que sacaba buenos rendimientos. Así, en 1785 la arrendó para seis años por 232 reales anuales, siempre con el compromiso que sus inquilinos se responsabilizaran del cuidado del templo. Pocas noticias sobre ella hasta que en 1989 se renovó la cubierta, el coro y los paramentos exteriores e interiores trabajando por el procedimiento de “auzolan” con una aportación de la Diputación Foral de Gipuzkoa de dos millones de pesetas. De nuevo en agosto 1999, y dentro del programa de “campos de trabajo” del Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, 17 jóvenes de diversas procedencias restauraron sus muros.

 

Se oficiaban misas dominicales hasta 1982 y por San Marcos se celebraba una misa especial a cuya terminación el sacerdote bendecía los campos desde las cuatro esquinas de la ermita. Cuando muere un vecino tocan una serie de campanadas lentas en su memoria (hil kanpaia).

El día de la santa 18 de julio y el domingo posterior acuden gentes de Asteasu, Cizurquil, Alkiza, Larraul y Aduna. Se celebra misa sin que ningún año falteuna representación del Ayuntamiento de Asteasu. Años atrás, acudía el alcalde con todos los concejales y en la casa próxima al templo, tras la ceremonia religiosa, ayuntamiento y clerodisfrutaban de una buena comida.Hasta 1989 el sacerdote bendecía a todos los asistentes a la misa, rito que se conocía como “tomar los evangelios”. Ese día llegan especialmente muchas madres con sus hijos en brazospara ponerlos a los pies de la imagen de la santa, orar por su salud y protegerlos de los malos sueños (amets gaiztoa). Es frecuente ver a la gente meter la cabeza en un agujero que existe en el altar; dicen que con ello también los adultos curan los malos sueños y el insomnio. Se reza un credo, la cabeza se mantiene en el agujeroy se santiguan al terminar la oración. Hay madres que ofrecen misa y vela que colocan en el candelabro que existe junto a la verja de madera. Cuando finaliza la misa, junto al pórtico de la ermita, comienza a sonar el txistu. Presencia debersolaris, hamaiketako, deporte rural y una hermosa romería que dura hasta el anochecer.


BIBLIOGRAFIA
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