lunes, 12 de enero de 2026

Conferencia de JAIME ASPIUNZA.

 CONCEPCIÓN (MÍA) DE LA FILOSOFÍA

Lo primero que conviene aclarar es que la filosofía no es un corpus
establecido –esa es la imagen que la historia de la filosofía tiende a darnos–, sino
algo que está en movimiento: filosofía es algo que en todo momento se está
haciendo. Es el pensamiento de cada momento; mejor, el pensar –en activo–
histórico que en cada momento va teniendo lugar.
Lo segundo –respecto del título– es que yo no soy, ni pretendo serlo, un
filósofo. Filósofos, gente que aporte algo original, novedoso, transformador, hay
pocos; no solo los que aparecen en las historias de la filosofía, por supuesto. El
profesor de filosofía, suponiendo que lo sea, ha leído a fondo a los filósofos, a los
de primera y a los de segunda, y ha asimilado su pensamiento; no es que se los
haya aprendido de memoria –la filosofía no es información–, sino que ha ido
dejando que sus pensamientos, o parte de ellos, pasen a ser suyos propios, es
decir, que su ser más actual se encuentre precisamente con esos pensamientos,
en esos pensamientos. En el sentido musical u operístico: es su intérprete.
No es, por tanto, que yo haya producido una filosofía, que sea un pensador
original, sino que a través de mí la filosofía ha alcanzado esta forma concreta que
a continuación voy a exponer a grandes rasgos.

La filosofía se puede comenzar por cualquier sitio, Hegel dixit. Podemos
pensar en ella como en un tejido lingüístico: lo esencial es reparar los rotos,
restaurar las conexiones entre puntos aislados, en fin, recuperar la significación
del lenguaje, su vitalidad para que pueda decirnos algo de la realidad.
(En este punto, en determinados ambientes, surgiría de inmediato la
pregunta acerca de qué sea la realidad, incluso el rechazo, un rotundo mentís
respecto de que dicha realidad exista. — La respuesta es simple: la realidad es
«esto» en lo que estamos. Que no sea fácil definir o caracterizar el «esto» no
desmiente su existencia; es más, si «esto» no existe, no se entiende que alguien
pueda estar refiriéndose a ello, que alguien pueda, sencillamente, estar. Dicho al
modo cartesiano: «Hablo, luego existo», «Te hablo a ti, luego existes; porque, si
no, estoy un poco zumbado». Y si existen el que habla y aquel a quien se habla,
alguna realidad debe de haber.)
Una primera aproximación a lo que sea la filosofía podría formularse de la
siguiente manera: ahondar en algunas palabras o términos clave. Por ejemplo,
palabras «eternas» como ser, devenir o historicidad, (la propia) realidad, conocer,

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saber, entender, conciencia e inconsciente, sujeto y objeto, o subjetividad y
objetividad, hoy tan manoseadas, o sentimiento, pensamiento, habla o lenguaje;
esto es, palabras de siempre pero que han ido cambiando de significado al
tiempo que arrastran rémoras pasadas, y que nos impiden entender nuestra
realidad, así como comunicarnos con los demás, a causa de la opacidad de que
están manchadas o teñidas, cuando creíamos, y en el fondo seguimos creyendo,
que son transparentes.

Una segunda aproximación nos la ofrece Deleuze: «la filosofía es una
empresa radical de desmitificación».
También nuestra época, como todas, posee sus mitos, creencias que se
tienen por obvias, que no se piensan ni, mucho menos, se ponen en cuestión,
frases hechas, consignas, lemas intocables. Por ejemplo, que el progreso técnico
es progreso sin más; que la verdad está en la ciencia, y que el resto de la
existencia, la vida cotidiana o la literatura no pueden acceder a ella.
Ortega y Gasset propone una distinción importante relacionada con este
asunto: «Las ideas las tenemos; en las creencias estamos» o, como se podría
añadir, las creencias nos tienen.
Las ideas son representaciones conscientes, formuladas que tenemos y
sobre las que podemos reflexionar. Son objetos de pensamiento que podemos
adoptar y discutir, cambiarlos o abandonarlos. Lo que uno va haciendo a lo largo
del tiempo para entender mejor la realidad en que vive: las ideas –en el sentido
orteguiano– son algo opcional que está delante de nosotros, en cierto modo fuera
de nosotros, y son así revisables.
Las creencias no son algo que en sentido estricto tengamos, sino algo en lo
que estamos, porque constituyen la estructura de fondo que sostiene nuestra
visión del mundo y nuestra vida, son como el suelo en que pisamos. Por eso
decía que «nos tienen», ellas a nosotros. No han sido elegidas conscientemente,
sino que las hemos recibido de la tradición, de la sociedad o de la experiencia
vital. Son pre-reflexivas y en principio inconscientes; solo cuando se «quiebran»
se nos hacen visibles.
Cosas como que mañana saldrá el sol, que el mundo es real o que la
sociedad funciona según cierto orden… son creencias básicas. Como se puede
ver, no toda creencia es irracional; las que he citado son perfectamente
razonables. Hay otras, sin embargo, que tienen su componente mítico. Por
ejemplo, lo que luego veremos, la creencia en la dualidad del mundo, que es un
problema serio.

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Una tercera aproximación a lo que la filosofía sea consistirá en cuestionar
las creencias, así como las opiniones de la época.
(Advertiré aquí que no pretendo tanto convencer –solo las creencias, que
conforman nuestro «adentro», convencen– como proponer una serie de
distinciones que resulten aceptables, para que así pueda uno seguir el juego, sin
sentirse de ninguno modo comprometido en lo que hace a las opiniones propias.
Ideas, entendimiento, inteligencia, razonamiento, como se les quiera llamar,
hemos visto ya que viene a ser lo más exterior a cada uno, y son algo que no se
visita muy a menudo…)
Vivimos una época que confunde, o quiere confundir, saber y opinión. Para
mucha gente todo son opiniones, lo que significa que se ponen al mismo nivel las
«opiniones» del médico con las del vecino que no es médico ni nada que se le
parezca. Y para algunos, efectivamente, valen lo mismo; lo demencial de esto, y
lo ridículo, es que, opiniones aparte, los médicos –a veces– te salvan la vida; los
vecinos que no son médico ni nada que se le parezca no.
La de saber y opinión es una de las distinciones más antiguas de la
tradición occidental, y en buena medida sigue siendo útil. Hoy llamamos opinión a
un juicio superficial, con escaso fundamento, que no es una creencia profunda,
pero no llega a constituir saber: Podría situarse entre la creencia y el saber.
Un ejemplo –bruto– de opinión es «¡al médico, no!, que luego te encuentran
algo»; menos extremo, el generoso comentario del vecino enteradillo: «eso,
seguro que es por las ondas del móvil. Déjalo apagado de noche, y ya verás…»
La opinión es superficial, poco fundada — puede que sí, que las ondas del
móvil afecten en algo; que lo mío provenga de ahí, es harina de otro costal; que
me vaya a curar el cáncer apagando el móvil, un milagro…
La opinión es, pues, incierta, carece casi por completo de justificación. Se
asume sin investigación alguna, muchas veces por inercia social o por moda. —
Vivimos la era de las opiniones, porque sabemos poco y tenemos necesidad de
manifestarnos, de hablar, de parlotear.
Se pueden cambiar con facilidad, lo que no significa que se cambien. A
veces tienen la firmeza de las creencias, mas no su fuerza vital. Lo que no tienen
es la claridad ni la racionalidad del saber. (No pretendo aquí descalificar sin más
las opiniones — solo distinguirlas del saber.)
El saber está emparentado con el conocer: se ha elaborado, es consciente
y, sobre todo, es crítico. Dicho de otra manera: es reflexivo, ya que examina lo

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que pensamos; es temático, se formula expresamente como idea (en el sentido
orteguiano); es provisional, no es dogmático, puede criticarse y reformularse; es,
en definitiva, el resultado de un esfuerzo racional, de un esfuerzo de la
inteligencia por entender la realidad.
El médico se podrá confundir pero si aplica su saber examinará de todas las
maneras posibles al paciente y cuando haya hecho el diagnóstico aplicará los
remedios que sepa son más eficaces en el tratamiento de la dolencia
diagnosticada. Hay una diferencia de grado, esto es, tanto cuantitativa como
cualitativa, entre ese proceso y el comentario generoso del vecino en la escalera.
El ejemplo hace referencia a un saber técnico-científico, a lo que se suelen
llamar «conocimientos». El saber, no obstante, suele ir más lejos, ser un término
más amplio: hay saber práctico (organizativo, por ejemplo, político, económico,
jurídico, etc.) y hay saber creativo (literario, poético, fílmico, etc.), que son más
difíciles –o imposibles– de algoritmizar, pero, sin embargo, se transmiten. Y, por
supuesto, se diferencian de las meras opiniones al respecto.

¿Qué es, entonces, la filosofía? ¿Conocimiento, saber, opinión? Antes de
decir nada positivo, podemos hacer una nueva distinción, hoy bastante necesaria.
En una época en que parece que el único conocimiento es el de la ciencia, la
filosofía o es ciencia o no es nada sino opinión.
Así y todo, ¡no! La filosofía no es ciencia ni pretende serlo. Las ciencias
tratan de explicar –mediante teorías– el desenvolverse propio de los objetos de
determinados ámbitos de la realidad a fin de poder prever o predecir su
funcionamiento. El objetivo de las ciencias es el conocimiento, aunque las
diversas ciencias obtienen conocimientos muy diversos, verdaderamente
dispares en lo que concierne a la fiabilidad de sus teorías. De ahí se deriva la
distinción entre ciencias «duras» y «blandas»: en un extremo, la física, algunas
de cuyas teorías han permitido elaborar productos inexistentes; en el otro, la
economía, cuyas predicciones nunca acaban de satisfacer.
La filosofía no se halla entre las ciencias, no tiene por objeto algo de la
realidad cuyo funcionamiento pretendiera llegar a conocer. No se le puede aplicar
por ello el criterio de la fiabilidad ni mucho menos el de la certeza o la precisión.
Este tipo de criterios, aplicables, si acaso, a las ciencias, vienen a denotar una
confianza excesiva en la ciencia, más bien, una fe o creencia –religiosa– en la
ciencia, que se suele denominar cientifismo. Pero la ciencia no posee ningún
poder especial para convertir su mirada a la realidad en conocimiento certero y
definitivo; la ciencia es el esfuerzo continuado de investigación, puesta a prueba y

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corrección, cuya intención primera es excluir precisamente la fe en el
conocimiento aparente, y mantener siempre despierta la atención en los posibles
cambios en el objeto de investigación.
De hecho, la ciencia presupone siempre una filosofía, una concepción, por
ejemplo, del ser humano o de la realidad.

La filosofía se ocupa de la vida, de la existencia humana. Parte de lo que se
suele llamar «facticidad», esto es, del hecho de que el mundo siempre «está
ahí», antes de cualquier reflexión, constituyendo una presencia inalienable. —
Esto impugna esa imagen tan habitual que viene a concebir a los seres humanos
como cápsulas cerradas, que solo a voluntad propia se abrirían.
No es así: en todo momento estamos abiertos al mundo. No solo porque
nuestros sentidos lo hagan presente en todo instante, sino también porque
nuestro pasado ha ido cuajándose de lo que diríamos «interiorizaciones» de
experiencias concretas de dicho mundo, y nuestro futuro solo en relación con el
mundo es imaginable.
La filosofía –la fenomenología en que me he formado– trata de describir la
experiencia del mundo; no de explicarla ni de analizarla. Esto supone una
recusación de la ciencia, el rechazo que ya apuntaba de que la filosofía deba ser
ciencia o seguir los criterios de la ciencia. Es la ciencia la que se basa en la
experiencia del mundo, en nuestra existencia; la cual no se ha de entender de
manera científica, puesto que –antes– es existencia, es experiencia. Yo –en
cuanto humano– no soy el objeto de la psicología ni de la biología, es decir, no se
me puede reducir a alma ni a cuerpo; pero tampoco soy objeto de la sociología ni
de la antropología.
El mundo siempre «está ahí»: tanto cuando tenemos los ojos abiertos como
cuando están cerrados, lo oímos, lo sentimos; despiertos y dormidos; incluso
cuando miramos «hacia dentro», sea en nuestro pasado sea en las
circunstancias presentes. Venimos a ser una muy concreta historia del mundo, un
cruce de caminos, de acontecimientos, una particularización, una singularización.
Y si nos cuesta tanto aceptar esto es porque la propaganda en contrario es
omnipresente y ensordecedora; no para de decirnos: «eres único», con la espuria
intención de que solo a Él le prestemos atención y confianza, ya que ser único en
el marco del pensamiento occidental es estar frente al mundo, cerrados a él,
clausurados.
Y esto, pura metafísica como luego veremos, adquiere, sin embargo, visos
de cientificidad, o así lo pretende. Hay quien dice que el cerebro está

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absolutamente aislado de la realidad y que solo se comunica con ella por medio
de señales eléctricas y bioquímicas, esto es, que somos una cápsula cerrada.
Claro que si se comunica aunque solo sea por medio de señales eléctricas y
bioquímicas, quizá ya no se pueda decir ¡que está «absolutamente aislado»! Será
otra cosa.
Otra manera de reconocer la presencia constante del mundo para cada uno
de nosotros es la famosa expresión de Ortega en sus Meditaciones del Quijote
(1914), que es una presentación de su perspectiva fenomenológica: «Yo soy yo, y
mi circunstancia», esto es, todo lo que tengo alrededor y en lo que estoy
involucrado, enredado o, simplemente, me afecta. — ¡¿Y qué no me afecta si soy
humano, en cuanto ser humano?!
Así las cosas, lo que la filosofía pretende es despertar esa experiencia del
mundo. El volver «a las cosas mismas» de la fenomenología no es lo mismo que
el retorno idealista a la conciencia, que practicaron Descartes o Kant y hoy buena
parte de la neurociencia. Descartes y, sobre todo, su herencia desvincularon la
conciencia del mundo, poniéndola como condición de existencia del todo. — Y
eso no es correcto: el mundo está ahí antes de cualquier análisis. La percepción,
que se sitúa entre cada uno y el mundo, vinculándolos, es percepción del mundo,
y transfondo en que destacan todos nuestros actos y que todos nuestros actos
presuponen, «un tejido sólido».

«[M]i cuerpo hace presa en el mundo cuando mi percepción me ofrece un
espectáculo tan variado y tan claramente articulado como sea posible, y cuando,
al desplegarse, mis intenciones motrices reciben del mundo las respuestas que
esperan. Este máximo de nitidez en la percepción y en la acción define un suelo
perceptivo, un fondo de mi vida, un contexto general para la existencia de mi
cuerpo y del mundo», dice Merleau-Ponty, en Fenomenología de la percepción,
pp. 265-266.
Y también: «Toda percepción se da en una atmósfera de generalidad y se
nos da como anónima. No puedo decir que yo veo el azul del cielo en el sentido
en que digo que comprendo un libro o que he decidido consagrar mi vida a las
matemáticas. Mi percepción, aun vista desde el interior, expresa una situación
dada: veo el azul porque soy sensible a los colores, mientras que, por el
contrario, los actos personales crean la situación: soy matemático porque decidí
serlo. De forma que, si quisiera traducir exactamente la experiencia perceptiva,
tendría que decir que un impersonal (l’on) percibe en mí [qu’on perçois en moi] y
no que yo percibo.» Fenomenología de la percepción, pp. 230-231.

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Esa percepción que se da en la periferia de mi ser, aprendemos luego que
es una adaptación de mi cuerpo, pero antes de saberlo, la sensación pertenece a
otro «sujeto» prepersonal, anónimo, que ya ha tomado partido por el mundo.
El mundo es lo que percibimos; no, por lo tanto, lo que yo pienso, sino lo
que yo vivo. Estoy abierto al mundo, pero no lo poseo, es inagotable. Y lo que
percibo en el vivir no es ciencia del mundo, es lo que voy a llamar ser-de-mundo.
Con sus guiones, para que se tome en su unidad, siguiendo la estela de
Heidegger y Merleau-Ponty.
Al igual que el pájaro es de aire y el pez de agua, el humano es ser-de-
mundo: el mundo es el elemento insoslayable de su existencia, es su elemento,
aquello en que está entrañado y que le afecta, y a lo que él corresponde, abierto
al mundo en la percepción.
Esta filosofía –la fenomenología– reúne subjetivismo y objetivismo en su
noción de mundo o de racionalidad: es su rasgo principal. Se trata de pensar el
mundo, al otro y a mí mismo, y de concebir sus relaciones. Es, así, la realización
de una verdad.
«La verdadera filosofía –concluye Merleau-Ponty– consiste en aprender de
nuevo a ver [rapprendre à voir] el mundo, y en este sentido una historia relatada
puede significar el mundo con tanta “profundidad” como un tratado de filosofía.»
Fenomenología de la percepción, p. 20.

Se puede decir que la característica principal del pensamiento filosófico del
siglo XX y aun de parte del XIX (Hegel o Nietzsche) es el intento de superar el
dualismo, que sería la creencia básica de la metafísica, tal como Nietzsche la
entiende: la suposición de que haya un mundo verdadero y otro mundo aparente;
o, mejor, al revés: que vivimos en un mundo de apariencias, mas hay otro mundo,
que es el verdadero.
Podemos pensar en Platón, con su mundo de las ideas «más allá del cielo»,
que sería la realidad verdadera del mundo contingente en que vivimos, su
entidad, desposeído nuestro mundo, como está, hasta de sólido ser. O podemos
pensar, más cerca, en este valle de lágrimas que es la vida terrenal, y en la otra
vida, más allá de la muerte, en el cielo que nos espera a los buenos cristianos.
Dos vidas, dos mundos, uno engañoso y duro de sufrir, el otro genuino y perfecto.
Siendo esa la distinción básica del dualismo metafísico de Occidente, se
reproducen, no obstante, por doquier las contradicciones excluyentes:
bueno/malo, alma/cuerpo, sujeto/objeto, lenguaje/mundo, etc., etc. Están
impresas en el propio lenguaje, que se vale de esas categorizaciones duales: dos

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polos contrapuestos en los que no se vislumbra mediación alguna. — ¡El
lenguaje, sin embargo, no nos obliga a proyectarlas en la realidad!

Apariencia/ser: distinción fundamental en Occidente, que, aunque no
seamos conscientes, estamos constantemente aplicando, es decir, ejerciendo,
suponiendo de ese modo que la realidad se quiebra en dos, una sospechosa de
procurar engañarnos, la otra –solo–, la verdadera. Sospecha e ímpetu quizás
innecesarios, propiciados únicamente por esa creencia en la dualidad del mundo.
Sin embargo, ¿de qué otra manera que no sea el aparecer(se) puede
presentarse o darse el ser? Solo sabemos que son las cosas que se nos
aparecen. Si algo no aparece es para nosotros como si no existiera, pues no nos
enteramos de que exista; si aparece, se nos da a la percepción y empieza a
formar parte del mundo.
Pero sigue empujando –impaciente– ese adagio que parece regirlo todo:
«Las apariencias engañan», y olvidamos que se trata de un refrán popular de
muy parcial aplicación, generalmente recordado tras haber sido embaucados.
Es una máxima práctica que quiere decir que no nos quedemos en las
apariencias, la superficie o lo exterior de algo; en general, que no juzguemos
considerando solo una percepción muy parcial de un asunto. Es, efectivamente,
un consejo práctico útil, pero no hay que tomarlo como un principio ontológico
que nos estuviera destripando el funcionamiento del ser, o del mundo.
Lo indiscutible es que el ser solo se da por medio de sus apariciones, de
sus apareceres y aun de sus apariencias. Y es que el ser –cualquiera en
concreto– puede tener apariencias múltiples, por lo que es posible que nos
engañemos; y nuestra interpretación de una apariencia concreta puede, además,
ser errónea. — De ahí que, dándose el ser solo en su aparecer, haya ocasiones
en que erremos con el ser. Mas partir de que hay modos de atinar con él que no
pasan por las apariencias, es un yerro de mayor calado.

Al dualismo de la metafísica se le puede oponer el antiquísimo dictum
heracliteano de «todo es uno».
Contra ese dualismo advierte Nietzsche en el primer parágrafo de Humano,
demasiado humano: «no existen [los] opuestos, salvo en la habitual exageración
de la concepción popular o metafísica». Es decir, a modo de exageración, como
recurso expresivo, podemos decir: «¡No es que sea bueno, es que es malo, muy
malo!» Pero todos sabemos que no hay nada malo o bueno en sí, sino siempre

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desde una perspectiva, bajo un aspecto determinado. Y entre lo bueno y lo malo
existen –en la realidad– muchísimos puntos que combinan en diversos grados
bondad y maldad. Y quien dice «bueno» y «malo» está diciendo cualesquiera
otras dualidades habituales propias del lenguaje, con que nos expresamos.
De hecho, la pregunta filosófica siempre ha sido, nos recuerda Nietzsche,
cómo puede algo nacer de su opuesto, esto es, lo racional de lo irracional, la
verdad de los errores, el altruismo del egoísmo, etc. Parecía imposible y por eso
la metafísica se empeñaba en mantener apartados por completo lo positivo y lo
negativo, como si fueran inmiscibles, y en atribuir a lo tenido por superior «un
origen milagroso»; pero eso no era más que un error de razonamiento.
Los contrarios van siempre juntos. Separar lo útil de lo nocivo en el poder,
en la potencia o en la fuerza fue un «paso fatal» de nuestro pensamiento
occidental.

En Crepúsculo de los ídolos nos cuenta Nietzsche la historia de ese error,
historia que titula «Cómo el “mundo verdadero” acabó convirtiéndose en una
fábula». Resume ahí en seis pasos la crónica de la aparición, debilitamiento y
desaparición de «el mundo verdadero».
Al principio este era «alcanzable para el sabio, el piadoso, el virtuoso, — él
vive en ese mundo, él es ese mundo.» Vendría a ser del momento de Platón, «la
forma más antigua de la Idea, relativamente inteligente, simple, convincente».
La Idea se hace luego cristiana y se vuelve inalcanzable, pero le es
prometida al sabio, al piadoso, al virtuoso.
Vienen después el momento kantiano, los efectos del positivismo y la
aparición del «espíritu libre». El sexto y último momento dice: «Hemos eliminado
el mundo verdadero: ¿qué mundo ha quedado?, ¿quizá el aparente?…»
Esa es la pregunta que hemos de hacernos ahora. Está bastante extendida
la idea, pesimista, nihilista, hasta cínica, de que lo que ha quedado es el mundo
aparente… Y, sin embargo, Nietzsche responde: «¡No, de ningún modo!, ¡al
eliminar el mundo verdadero hemos eliminado también el aparente!»
El aparente solo era tal por su contraste con el supuestamente verdadero.
Cuando este se revela inexistente, una fábula, puro cuento, deja también de tener
sentido la contraposición. Creer que lo que nos queda es el mundo aparente es
seguir dentro de la distinción que ha resultado ser inexistente, de la fábula. — Lo
que nos queda es el mundo sin más, sin ese marco metafísico previo de
comprensión. El mundo con sus apariencias y sus verdades, verdades más o

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menos verdaderas o aparentes y apariencias más o menos aparentes o
verdaderas, que habrá que aprender a esclarecer o dilucidar.
El mundo, sin más, en que –recuerdo– somos-seres-de-mundo.

JAIME ASPIUNZA, San Sebastián, 24 de diciembre de 2025

lunes, 15 de diciembre de 2025

Un visionario.

 Aldous Husley, en su obra UN MUNDO FELIZ , nos dejó una idea clara de lo que seria nuestra sociedad en el futuro que ahora se nos acerca.

Aquí tenéis algunas de las frases célebres de esta mente privilegiada:

“El amor ahuyenta el miedo, y recíprocamente el miedo ahuyenta al amor. Y no solo al amor el miedo expulsa; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y solo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma”.


“Mientras más complejas sean las tecnologías, mayor será la necesidad de crear organizaciones capaces de mantenerlas controladas”.


“Mientras más poderosa y original sea una mente, más se inclinará hacia la religión de la soledad”.
“Si muchos de nosotros seguimos ignorándonos, es porque el autoconocimiento es doloroso y preferimos el placer de la ilusión”.

Existe al menos un rincón del universo que con toda seguridad puedes mejorar, y eres tú mismo”.


“No queremos cambiar. Cada cambio es una amenaza de la estabilidad”.


“El cambio realmente revolucionario deberá lograrse, no en el mundo externo, sino en el interior de los seres humanos”.


“La experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede”.


“Debemos aprender a manejar con eficacia las palabras, pero al mismo tiempo, debemos preservar y, en caso necesario, intensificar nuestra capacidad para mirar al mundo directamente y no a través del medio semiopaco de los conceptos, que deforma cualquier hecho determinado dándole el aspecto demasiado conocido de algún marbete genérico o algunas abstracción explicativa”.


martes, 25 de noviembre de 2025

Un caso único.

 

Nuestro cerebro.

 

Todos los seres humanos queremos lo mismo: vivir un poco mejor.

 

Nuestra estructura cerebral, la materia, se transforma, por la información que nos viene desde fuera, y que modela nuestras neuronas, de una manera parecida a como el cincel del escultor crea formas de mármol inerte. Nuestras neuronas quedan así estructuradas con un determinado carácter, merced a las experiencias vividas.

 

Desde el momento de nacer, nuestro cerebro tiene sus ventanas sensoriales abiertas para recibir a los “portadores materiales” de sonidos, luces, tactos, perfumes y gustos que son los mensajeros de la información del medio ambiente, que forma el sistema referencial de cada individuo.

 

En realidad, la materia del cerebro es portadora de “ transmateria”  de sensaciones, experiencias y recuerdos. Algo parecido a las cintas magnetofónicas, que son las portadoras materiales de la transmateria informativa y musical.

 

Los seres humanos son estructuras materiales que reciben, elaboran y exteriorizan multitud de códigos informativos, que pueden manifestarse en actividades artísticas y en labores creativas. Esta es la “ transmateria”que el cerebro alberga durante la vida y que persiste por algún tiempo después de la muerte biológica. Esto es quizás uno de los propósitos de la vida humana, la perpetuación de una trascendencia transmaterial de ideas y de cultura, de amor y de creatividad.

 

JOSÉ MANUEL RODRIGUEZ DELGADO

Homicidios en la pareja.

 Las mujeres tienen muchas más probabilidades que los

hombres de ser asesinadas por su pareja. El gráfico

muestra esta situación en nueve países de la OCDE en

2023.

Estas muertes rara vez son hechos aislados. Las

investigaciones demuestran que los homicidios en el

ámbito de la pareja suelen ser la culminación de un largo

patrón de control coercitivo: comportamientos como la

vigilancia, el aislamiento, la intimidación, las

restricciones en la vida diaria y la violencia física.

Reconocer tanto el desequilibrio de género como sus

raíces en el control coercitivo puede ayudar a enfocar

los servicios de apoyo, alentar a familiares y amigos a

actuar con mayor rapidez y aumentar la presión social

contra el comportamiento abusivo.

Si bien las mujeres enfrentan el mayor riesgo por parte

de sus parejas, los hombres representan aproximadamente

el 80 % de las víctimas de homicidio a nivel mundial. Por

lo tanto, la disparidad de género en los homicidios en el

ámbito de la pareja constituye una notable excepción.

Por Simon van Teutem


domingo, 23 de noviembre de 2025

Calendario 2026.

Hola amigos os adjunto el calendario que he preparado para el 2026.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

https://drive.google.com/file/d/10jcIkVd2QCRqMEcdBsrqXrE9fYiHY9G_/view?usp=sharing

Calendario 2026

 A ver qué os parece. 

COMO ESTE PUEDEN HACERLO TODOS CON EL ENLACE QUE HE PUESTO EN LA PÁGINA DE INFORMÁTICA DE ESTE BLOG.

viernes, 14 de noviembre de 2025

Ermita Santa Engracia en Aizarna

La ermita de Santa Engracia de Aizarna se sitúa en un altozano sobre el valle de Granada-Erreka, desde la que se disfrutan espléndidas vistas. El acceso puede hacerse por la carretera de Aizarna a Régil. Tras pasar el Humilladero de Nuestra Señora del Carmen se toma un camino vecinal hasta la venta de Etumeta (Santa Engraziako Benta) donde puede dejarse el coche. Tras caminar unos 300 metros se accede a ella (unos diez minutos a pie).

 

Existen pocos datos sobre su origen. Su construcción se atribuyó a los templarios pero no se ha encontrado ningún documento que lo corrobore. Otras fuentes señalan que pudo haber sido una especie de fortaleza para defensa y vigilancia del entorno y que cuando perdió esa función, el edificio se convirtió en iglesia. Quizá fuese una iglesia pagana antes de la introducción del cristianismo. Pero estas ideas no dejan de ser conjeturas no documentadas. Se piensa que fue la primera iglesia parroquial de Aizarna.

Saturnino Ruiz de Loizaga señala que el documento escrito más antiguo en que se la cita data de 1405 y se encuentra en el archivo del Vaticano. Se trata de una bula y lleva la rúbrica del papa Benedicto XIII en Savona (Italia). El documento escrito en latín dice “El papa Benedicto XIII (papa Luna) concede una serie de indulgencias a todos aquellos fieles que en determinados días visiten la capilla-ermita de Santa Engracia de Aizarna y con su limosna ayuden a su reparación y culto”. En su testamento de 1526, Juan Sebastián Elcano deja una manda a su favor “Item mando a Santa Engracia de Aizarna, un ducado de oro”. Murugarren la cita este mismo año como Santa Engracia de la Peña. En el Compendio de 1625 de Lope Martínez de Isasti señala al referirse a Aizarna “… La iglesia de nuestra Señora de Aizarna es muy antigua, que fue de los religiosos templarios; y en su distrito está la basílica de Santa Engracia en lo más alto de una montaña peñascal de mucha devoción, cuyo patrón es el rector de Aizarna; y los días de Santa Cruz de Mayo, y setiembre hacen grande fiesta en la villa”.

Se trata de un edificio rectangular con ábside trapezoidal, de 15 por 11 m de ancho, orientado al E. En el muro derecho tiene dos aspilleras y una pequeña vidriera que da al presbiterio. Dos contrafuertes en el izquierdo. En la fachada principal una puerta a la que se accede superando tres escalones, aguabenditera a la derecha y ventana superior con arcos apuntados. Sobre ellos gran espadaña de sillería con vano en arco de medio punto, cornisa moldurada con tejadillo a dos aguas, cruz de piedra en su ático y pararrayos. Una gran campana cuya leyenda dice que hubo de subirse y arrastrada hasta el lugar por un carnero del caserío Apategui guardando una misteriosa inscripción que nadie ha podido descifrar. Se habla incluso que mantiene el secreto del lugar donde se esconde un fabuloso tesoro escondido en las proximidades de ese santuario fortaleza

Antes de la última restauración tenía un retablo central de principios del presente siglo, de madera sin policromar y escaso valor con la talla de la titular, San Marcos evangelista y Santiago peregrino. Aparte, apoyada en la pared, una talla de Santa Águeda. Hoy, ya desprovista de sus tres retablos, se venera en el centro una Santa Engracia, a la altura del altar de la derecha Santa Agueda; todos ellos protectores de caminantes, campos, tormentas y enfermedades. 

Hacia 1600 se fundó la Cofradía de Santa Engracia. Las Ordenanzas que ocupan 33 folios, se aprobaron en Azkoitia el 15 de julio de 1604 por el Visitador general del Obispado de Pamplona Licenciado Bartholome Daca. El ingreso en la Cofradía costaba dos reales y entre sus cláusulas Juan Erenchun anota: haya dos Mayordomos nombrados por los parroquianos por medio de “charteles” llevarán el Libro de Cofrades, funciones, ingresos y gastos. El primer domingo de Agosto “haya fiesta con misa solemne y colleta”: al final un responso y después un refresco para los asistentes. Este refresco consistía en una comida (con prohibición de asistir mujeres) “sin exceso ni desorden y que a cada cuatro cofrades que ha de alcanzar a comer en cada tajador o plato se les den cuatro libras de pan, dos de carnero, dos de baca y un açumbre de vino, requesón y fruta sazonando las ollas de tocino y especias que los mayordomos paresciere bien....” Cuando fallezca un cofrade “se toque a campana de la ermita y se avisen unos a otros y acudan todos con velas encendidas so pena de dos reales y recen 15 pater noster por el alma del difunto  Si se quema (lo que Dios no quiera) alguna casa de algún cofrade, pidan limosna para él; y si entre ellos hubiera pleitos o querellas “los procuren atajar entre todos”: que los cofrades “no se injurien de palabra ni de obra”: que “no jueguen a naypes ni delante de la ermita ni a distancia de un tiro de ballesta” y que “el cofrade que quisiera hablar o proponer alguna cosa en los ayuntamientos que se celebren “aya de comencar a hablar con buena crianca, levantado de pie y la caveza descubierta....

 

Desde siempre, la ermita ha recibido numerosas mandas en testamentos. Con el dinero que dejó María de Echagaray se sufragó en 1611 la construcción de un retablo con dos bultos, uno de Santa Águeda y otro de San Adrián, ejecutados por el imaginero de Asteasu Ambrosio de Bengoechea. En el mismo año, el mayordomo de la ermita acusó al rector de haberse quedado con 36 ducados de la dote de la serora, a lo que éste replicó que con ellos había hecho una cruz de plata, un crucifijo de madera y otras cosas.

Antxon Aguirre Sorondo enumera algunas de las seroras que atendieron la ermita: Gracia de Aramburu (1659-1674), Cathalina de Biquendi Mariana de Gorostegui (1667), María Pérez de Echaide, Gracia de Lizaso (1718), Gracia de Egaña, María Ignacia de Rezabal (1736), Francisca de Rezabal (1736-1740), y Mª Antonia de Irigoyen. En el siglo XVIII había tres seroras a su servicio, hecho que sólo ocurría en las ermitas de gran veneración. Adosada a la ermita había una casa seroral con horno para hacer pan, y un huerto murado.

En el Archivo Municipal de Zestoa consta que en 1691 la sacristana María Pérez de Echaide sufrió un robo. Cuatro individuos subieron a la ermita a caballo y le hurtaron la ropa, un cáliz, comida y dinero. Maltrataron a la mujer, dejándola atada de pies y manos. Detuvieron a Juan de la Villa, como presunto autor de la fechoría.

En 1735 se realizan importantes obras tanto más necesarias cuanto que su estado era casi ruinoso. En ellas se invierten los 550 rs con que se dotó la serora Francisca de Rezábal. El vecindario puso los materiales y la mano de obra necesaria (auzolan). A partir de ese año se reteja periódicamente y en 1819, el visitador episcopal ordena que “se pinten las tallas de Santa Engracia y Santiago, se entierre “el bulto pequeño de un Santo obispo”, se entierren o se pinten de nuevo las figuras de San Juan Bautista, Santa Bárbara y Santa Agueda, y se arregle y pinte también la de San Marcos”. La inspección de 1832 advierte sobre la necesidad de componer el pavimento y taponar las goteras.

 

 

En 1828 un rayó destroza la casa seroral y mata al ermitaño. Ante una nueva amenaza de ruina, en 1845 se acometen obras de reparación, cuyo presupuesto ascendió a 3.000 rs.v. En 1848 se pintan y doran los retablos, tanto del altar de Santa Engracia como del Santo Cristo, se hace nueva mesa de altar y cuatro confesionarios entre otras cosas con un presupuesto aproximado de 420 rs.v. En 1974/5 y durante varios fines de semana los vecinos y grupos de montañeros la restauran nuevamente en auzolan, salvándose así, por enésima vez, de la amenazante ruina que asolaba a su enorme espadaña. En esta restauración se conservaron las losas originales de barro macizo del suelo,

A la basílica de Santa Engracia, Santa Engrazí, acuden romeros cualquier día del año. Su fiesta principal es el día de Santiago si bien los ancianos dicen que en su juventud se celebraba la romería el mismo día de la Santa titular (16 de abril) como se venía haciendo tradicionalmente pero que debido al mucho trabajo que había en el campo en esa época del año, decidieron cambiar el festejo al 25 de julio. Lo cierto es que ese día suben cientos de peregrinos por la empinada senda tallada en la piedra y oyen misa en la ermita por los difuntos del barrio junto con una comida de hermandad. Luego, las campas de la iglesia y venta se llenan de romeros y la fiesta continúa hasta el anochecer.

Gurutzi Arregui informa que la ermita de Santa Engracia es muy visitada en cualquier época del año por las madres que llevan a sus hijos que tienen dificultad de hablar, ofrendando velas y rezando el rosario. Tiempo atrás, se tocaba a “conjuro” cuando amenazaba tormenta y hasta los años sesenta se tocaba a muerto o hil kanpoia cuando fallecía alguna persona de la zona.

 

BIBLIOGRAFIA

AGUIRRE SORONDO Antxon

“Romerías por Santa Engracia” El Diario Vasco Focus 17 de abril 1999.

AGUIRRE SORONDO Antxon y LIZARRALDE ELBERDIN Koldo

“Ermitas de Guipuzcoa”. Pag 399 Fundación José Miguel Barandiarán. Ataun 2000.

ARREGUI AZPEITIA Gurutzi de

“Prácticas de medicina popular en ermitas” Hizkuntza eta Literatura nº 4 pp 607-631. Donostia 1985.

ERENCHUN ONZALO, JUAN

“Cestona”. Pag 71 Ed Caja de Ahorros Municipal. San Sebastián 1970.

“Arrona-Aizarna-Oiquina-Aizarnazábal-Iraeta-San Miguel de Artadi” pp.41 Caja de Ahorros Municipal 1975.

GOROSABEL, Pablo

“Diccionario Histórico-Geográfico-Descriptivo de los Pueblos, Valles, Partidos Alcaldías y Uniones. Año 1862” pp 6. La Gran Enciclopedia Vasca. Bilbao 1972.

IRIGOYEN Domingo de

“Ermitas e Iglesias de Guipuzcoa”. Eusko Folklore Tomo XIV pag. 29. Vitoria 1934.

MARTINEZ DE ISASTI, LOPE

“Compendio Historial de la provincia de Gipuzkoa 1625” impreso en San Sebastián por Ignacio Ramón Baroja 1850.  La Gran Enciclopedia Vasca.

MURUGARREN ZAMORA, Luis

“Relación de puntos religiosos de Guipuzcoa”. BRSVAP XXVIII Cuaderno 1º pag 61. San Sebastián 1972.

RUIZ DE LOIZAGA, Saturnino

“Documentación Medieval de la Diócesis de San Sebastián en el archivo Vaticano (Siglos XIV-XV)”. Colección Tuesta nº 2. Roma 2000.

PEÑA SANTIAGO, Luis Pedro

"Guipúzcoa olvidada (Azken-bidea)" Pag 22 Ed. La Gran Enciclopedia Vasca. Bilbao 1968.

“Arte Popular Vasco” pag 195. Txertoa Argitaldaria. San Sebastián 1969.

“Fiestas tradicionales y romerías de Gipuzkoa”, Pag 22. Ed. Txertoa. San Sebastián 1973.

“Las ermitas de Guipuzkoa”. pp. 22. Ed. Txertoa 1975

“Gipuzkoa ignorada”. Colección Bertan num 2. Pag 6 Dto Cultura y Turismo. Diputación Foral de Gipuzkoa. San Sebastián 1993.

viernes, 31 de octubre de 2025

Historia del tiempo.

 En la introducción de este libro Carl Sagan dice que Hawking intenta comprender el pensamiento de Dios y esto hace sea totalmente inesperada la conclusión de su esfuerzo al menos hasta ahora: un universo sin un borde espacial, sin principio ni final en el tiempo, y sin lugar para un Creador.

En el libro, para mi un poco pesado, pero en momentos interesante, Hawking intenta explicar los agujeros negros pero lo veo difícil de entender.

Interesante la explicación de la predicción de Einstein sobre las desviaciones de la luz procedente de una estrella de que  es desviada por el sol y por lo tanto la estrella no está donde nosotros creemos que está.

Otra consecuencia es que el tiempo es mas lento cerca de una  gran masa.Cosa que ya se tiene en cuenta en los aviones para saber donde están. Esto también da origen a la paradoja de los gemelos. Incluso la predicción del fin del universo.

Nos introduce en teorías nuevas que  posiblemente modificarán nuestros conceptos de tiempo y espacio.Inquietante.


lunes, 20 de octubre de 2025

Africa protesta.

 CORREGIR EL MAPA DEL MUNDO
Durante más de 450 años, hemos basado nuestra comprensión de África y del mundo en un mapa erróneo. De hecho, se podrían incluir Estados Unidos, China, India, Japón, México y gran parte de Europa en África y aún sobraría territorio.

El mapa de Mercator no solo distorsiona el tamaño del Sur global, sino que también influye en el poder y la percepción. Esto debe cambiar.

Llamamos al mundo a corregir el mapa adoptando la proyección Equal Earth , que refleja con mayor precisión el tamaño real de África.


ES HORA DE CORREGIR EL MAPA.??DESCARGA EL MAPA DE LA TIERRA IGUALITARIA AQUÍ. ÚNETE AL MOVIMIENTO: FIRMA LA PETICIÓN HOY.
Icono de lápiz
Proyección de Mercator
Proyección de la Tierra Igual
Mapa de la Tierra IgualitariaMapa de Mercator
ARRASTRE LA LÍNEA PARA VER CÓMO LA PROYECCIÓN DE MERCATOR DISTORSIONA EL MUNDO, EXAGERANDO EL TAMAÑO DE ALGUNAS REGIONES EN COMPARACIÓN CON ÁFRICA.
¡ES HORA DE ACTUAR!
Desafiar el status quo, desmantelando un legado colonial que ha distorsionado la identidad de África y reconfigurado el modo en que el mundo percibe al Sur Global.